Foto Médicos del Mundo

El estado del bienestar y la atención sanitaria de los europeos, en peligro

Europa, el continente defensor del estado del bienestar, impulsor de los derechos sociales y cuna de las revoluciones ciudadanas, no garantiza la universalidad de los sistemas de salud de los países que lo componen. Ni siquiera que dichos sistemas de salud estén basados en la solidaridad, sean justos y abiertos a todos sus habitantes. Así se desprende del informe sobre la atención sanitaria presentado recientemente, en Madrid, por los presidentes de las diferentes sedes internacionales de la organización Médicos del Mundo.

Dicho informe desvela las consecuencias que la crisis económica y las medidas de austeridad adoptadas por los gobiernos están generando, especialmente en los colectivos más vulnerables: inmigrantes en situación irregular, solicitantes de asilo, personas sin techo o familias sin ingresos económicos,…Todos ellos están siendo víctimas de la disminución o desaparición total (según el país en el que vivan) de los sistemas que les garantizaban una asistencia sanitaria con anterioridad.

El deterioro de la salud de pacientes extremadamente vulnerables es un serio motivo de preocupación ya que, como muestra el informe, las mujeres y los menores de edad han pagado las consecuencias de las crisis más que otros sectores de población. Así, en numerosos países, las embarazadas sin seguro sanitario deben afrontar todos los gastos de la atención prenatal y el parto. Además, los obstáculos legales y económicos están excluyendo a un número creciente de niños de la atención sanitaria, incluyendo la vacunación.

En España, por ejemplo, el gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2012 un real decreto (16/2012) que modificó las condiciones de acceso a la asistencia sanitaria. El ciudadano pasó de beneficiario de un derecho a asegurado en un servicio. La reforma dejó fuera de la asistencia normalizada a los inmigrantes en situación irregular pero en realidad toda la población está sufriendo las consecuencias de este cambio de modelo.

De hecho, tanto las personas migrantes, con y sin permiso de residencia, como aquellas de nacionalidad española han de hacer frente a copagos en los medicamentos. La situación de precariedad económica de muchas familias hace que dicho copago suponga una barrera que impide el seguimiento de tratamientos que garanticen el fin de sus enfermedades o la disminución de la gravedad de las mismas.

La propia Comisión Europea, que recomienda “la eficiencia y el control del gasto en asistencia sanitaria en España”, asegura que las medidas impuestas con la reforma de 2012 han derivado también en efectos indeseados, como el aumento de las listas de espera o el número de reclamaciones relativas a las restricciones de acceso a la asistencia sanitaria.

Los últimos datos recopilados por Médicos del Mundo, a partir de 29.400 consultas en sus centros de atención y clínicas de toda Europa (en 25 ciudades de 8 países: Alemania, Bélgica, España, Francia, Grecia, Holanda, Reino Unido y Suiza) desvelan que dos tercios de las mujeres embarazadas no había recibido atención prenatal antes de llegar a los dispositivos de la organización; sólo uno de cada dos niños había sido vacunado contra el tétanos, la hepatitis B, sarampión o tosferina, y que simplemente el 2% de las personas usuarias de los servicios de Médicos del Mundo citaron la salud como uno de sus motivaciones para emigrar.

Quizá los europarlamentarios recién electos deberían releer el texto de la carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea donde se especifica que ésta es “la organización de todos, una comunidad abierta al mundo y fundamentada sobre los valores de la libertad, la democracia, y la defensa de los derechos de todos sus ciudadanos”. ¿Será que en dichos derechos no está incluido el acceso a la atención sanitaria?.

foto ACTI

Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión: ¿más pobreza o creación de la mayor zona de prosperidad económica mundial?

foto ACTIEl ATCI (Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión) es un convenio que se está negociando entre la Unión Europea y Estados Unidos con el fin de crear la mayor zona de libre comercio del planeta. Ello supondrá un mercado único de millones de consumidores, un tercio del comercio total de bienes y servicios y casi la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Pero sobre todo, perseguirá equilibrar la pujanza económica china y liderar, de nuevo, la Organización Mundial del Comercio por parte de Occidente.

Además de intentar evitar que China llegue a ser primera potencia económica mundial, la firma de este tratado supondrá aumentar la distancia, hasta ahora decreciente, con los BRICS (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica) y fijar los estándares industriales, técnicos y comerciales para convertirlos en referencia mundial porque, en palabras de Karl de Gutch, comisario de Comercio de la UE: “Conseguir fijar normas que se conviertan en estándares globales sería lo más importante para nuestras industrias”.

¿Y por qué esta homogeneización de estándares y normas para comercializar bienes y servicios sería tan importante? Según el periodista Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatic en Español, porque con ello conseguirían la neoliberalización de todo lo que tuviera que ver con el comercio transatlántico a través de la eliminación total de los aranceles para bienes industriales y agrícolas, de la apertura del sector servicios tanto como fuera posible (incluyendo el sector transportes y otros implicados) y de la liberalización total de las inversiones financieras y de la protección de inversiones.

Según la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), los objetivos del acuerdo son promover el crecimiento y la creación de empleo; reducir las barreras comerciales, principalmente para las PYME; evitar la sobrerregulación y fomentar el desarrollo sostenible, todo ello sin debilitar los estándares actuales de regulación sobre la protección de los consumidores, del medio ambiente, de la salud o la seguridad a ambos lados del Atlántico.

Organizaciones no gubernamentales como Corporate Europe Observatory denuncian sin embargo la falta de transparencia y la poca información que han rodeado las negociaciones hasta este momento. También se muestran especialmente preocupados por una posible disminución de exigencias a la industria alimentaria y sanitaria, o las consecuencias que pudiera tener en materia de educación y conocimiento científico (la desregularización abarcaría los derechos intelectuales) y medioambiental. En resumen, los detractores de la firma del ACTI creen que puede suponer un perjuicio importante para la soberanía de los estados y las políticas públicas en favor de los ciudadanos.

Las negociaciones del Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión entre la Unión Europea y los Estados Unidos comenzaron en Julio de 2013 –aunque las primeras conversaciones al respecto se remontan a 2007- y hasta la fecha han tenido lugar cuatro rondas de negociaciones, la última en marzo de este año en Bruselas. Un reciente comunicado por parte de Karl de Gutch  anunciaba su decisión de consultar a los ciudadanos europeos “sobre las disposiciones relativas del futuro acuerdo comercial (….) como consecuencia del interés sin precedentes que han despertado dichas negociaciones”. Con ello se quiere garantizar el equilibrio entre la protección de los intereses de las inversiones europeas y la defensa del derecho de los gobiernos a regular en bien del interés público.

Pero dicho interés no ha calado sólo entre los ciudadanos. La presentación del comienzo de las negociaciones, en 2013, para llegar a un acuerdo comercial transatlántico fue oficiada por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama; el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso, lo que da muestra de la importancia que ambas partes otorgan al tratado. La cuestón radica en si los estados miembros de la Unión Europea estarán decididos a renunciar a ciertas señas de identidad a cambio de prosperidad. De hecho, el propio Obama aludió en su discurso, ese día, a la posibilidad de creación de millones de empleos gracias a dicho tratado, un caramelo difícil de rechazar para la UE, en plena crisis económica y teniendo en cuenta su número histórico de desempleados. Podría ser que nunca hayan estado tan claros los mensajes en busca de un fin.

 

 

 

Foto Davos def

Atención corporaciones, el cambio climático acecha

Foto Davos defCuando el foro que reúne a los hombres de negocios y los políticos más poderosos del planeta durante cuatro días (Davos, enero 2014), dedica uno de ellos al cambio climático, es porque la economía se ve amezada. En otras palabras: el calentamiento del planeta es malo para el negocio. Para su negocio, concretamente. Por ello, corporaciones como Coca-cola o Nike no han dudado en sentarse con personalidades como Ban Ki –Moon (Secretario General de Naciones Unidas) y Al Gore (ex-vicepresidente de Estados Unidos y activista medioambiental) para intentar revertir dicha amenaza.

La reducción de las emisiones de carbono por fin se ha convertido en una prioridad. Tras la negación del calentamiento del planeta hace años, por ciertos sectores, se ha pasado a la aceptación de que es un fenómeno real y a la verificación de que su causa es la actividad humana. La consecuencia ha sido que algunas empresas y organismos internacionales han incluído el cambio climático como objetivo central en sus proyectos y que personalidades como el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, hayan declarado que “este es el principal factor que contribuye al aumento de los indices de probreza global y la caída del PIB en las naciones en desarrollo”.

Desde el punto de vista empresarial, la contaminación por carbono ha dado lugar a un “aumento de las sequías, una variabilidad impredecible en la climatología e inundaciones cada dos años”, declaraba recientemente al New York Times el vicepresidente de Coca-Cola, Jeffrey Seabrigt. Y es que la recolección de la caña de azúcar, la remolacha azucarera y los cítricos que necesita esta compañía para sus productos se están viendo seriamente afectados. También el gigante de ropa deportiva Nike, con más de 700 fábricas en 49 países, ha señalado que el clima extremo de los últimos tiempos trastorna su cadena de suministro y ocasiona cuantiosas pérdidas.

Quizá un reconocimiento anterior de algo que ya anunciaban organizaciones como Oxfam desde hace tiempo, habría atenuado las repercusiones actuales, ya que el papel de las empresas privadas en esta lucha es esencial. En ellas está la responsabilidad de reducir las emisiones de gases efecto invernadero con el objetivo de limitar el calentamiento del planeta a través del control de las cadenas de producción, el mantenimiento de dispositivos energéticos eficientes y sostenibles,  y de ejercer la presión sobre los gobiernos para la promulgación de políticas medioambientales.

Respecto a la obligación  de los gobiernos, la responsable de Clima de Naciones Unidas, Cristina Figueres, fue tajante en el último encuentro de Davos: “la economía mundial está en riesgo si los gobiernos de todo el mundo no llegan a un acuerdo sobre las reducción de las emisones de carbono en la próxima gran ronda de negociaciones sobre el clima, prevista en París a finales de 2015”. Pero esta tarea, siendo ya difícil a nivel mundial, es especialmente complicada en países como China o India, que usan el carbón como base de una energía que además de ser barata, contribuye con sus puestos de trabajo a mejorar la economía de millones de personas.

Aún así, hay casos en los que se ha visto que la disminución de emisiones de carbono puede convertirse en el motivo para expandir la base económica de los proyectos. Un ejemplo es la Agencia Londinense para el Desarrollo (LDA), el organismo principal responsable del crecimiento económico a largo plazo de la ciudad inglesa, que ha decidido tranformar Londres en la capital con menor nivel de emisión de carbono en el mundo. Para ello ha creado Distritos Empresariales Verdes con los que promover un ahorro sostenible y unir a las autoridades locales, las empresas privadas y la sociedad con un mismo propósito. También ha encargado a Ernst&Young LLP una estrategia para posicionar a Londres en el panorama internacional y aprovechar las oportunidades que ello le pudiera revertir.

La cuestión es si estas iniciativas estarán lo suficientemente desarrolladas a finales de 2015, fecha en la que se afrontarán las soluciones necesarias para disminuir el calentamiento global. Porque si estas líneas de actuación basadas en la voluntad política y empresarial no funcionan, habrá que ir pensando en ejercer la reducción del consumo por parte de los propios ciudadanos, lo que sí puede ser determinante y quizá la solución última para conseguir la disminución del cambio climático.

 

Mujeres…¿al poder?

Dilma-RousseffAngela Merkel, Christine Lagarde, Miuccia Prada, Hillary Clinton, Arianna Huffington, Dilma Roussef, Melinda Gates, JK Rowling o Cristina Fernández de Kirchner junto a otras personalidades menos conocidas como la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-Hye, la consejera delegada de IBM Ginni Rometty o la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chang, entre otras, forman parte de las trece actuales presidentas o primeras ministras, las 24 CEOS de empresas multinacionales y las incontables artistas, activistas e intelectuales que contribuyen en la actualidad al movimiento del mundo. Pero, ¿se traduce esto en una participación real de las mujeres en las decisiones de poder? ¿Hasta qué punto su ascenso a la participación en la economía, la política y los puestos de responsabilidad responde a una situación equitativa y produce resultados más justos para la sociedad?

Como ya se reconoce públicamente en todos los organismos internacionales, la participación política de la mujer es un elemento crucial para el diálogo democrático y la cohesión social, aparte de una cuestión de justicia y equidad. Pero es que desde el punto de vista macroeconómico, una mayor participación laboral de la mujer impulsaría el crecimiento del PIB a nivel mundial -en numerosos países las formación de las mujeres es alta, lo que otorga un alto potencial a su contribución al mercado- y compensaría la caída de la población activa, con sus consiguientes repercusiones en los sistemas de pensiones, entre otras consecuencias positivas.

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) desvela que si se produjera la equiparación de hombres y mujeres en el mercado laboral para 2030, los países donde más crecería la fuerza laboral, tanto por razones de formación como de potencial competitividad serían Brasil, Chile, República Checa, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, México, Polonia, Eslovaquia y España. Es decir, el alcance de estas tasas de participación masculina y femenina supondría un buen empujón para las economías de dichos países y una estupenda aportación para la mejora de la crisis económica mundial.

Que esto no sea posible a corto plazo quizá se deba tanto a la dificultad de acceder a esos puestos de poder de la mayoría de la sociedad femenina como en las dificultades que sigue afrontando el creciente número de mujeres electas y en puestos de responsabilidad. Estas dificultades se centran en la desigualdad salarial, la corrupción y la necesidad de seguir políticas de participación basadas en las cuotas, que no siempre están bien vistas incluso por otras mujeres. En otros casos más extremos y sobre todo en ciertas sociedades, las mujeres además experimentan las consecuencias de los conflictos armados, llegando a ser víctimas de violencia sexual y quedando excluídas de los procesos de las tomas de decisiones relacionadas con los procesos de paz. Y todo ello a pesar de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el el que expresamente se hace un llamamiento para fortalecer y ampliar el papel de las mujeres en la toma de decisiones sobre paz y seguridad con el fin de paliar dichas desigualdades estructurales.

No obstante, hay sitios donde el papel de la mujer ha conseguido cotas de poder nunca vistas. Así, en América Latina, en los últimos 23 años seis mujeres han alcanzado la jefatura de sus estados, cuatro de ellas en los últimos diez años. Ello responde a un proceso de mejoras socio-políticas en la región que, aunque no se ha traducido en una consecución total de políticas de igualdad de género ni en la desaparición del machismo en estas sociedades, sí que ha permitido el crecimiento de la participación general de las mujeres en la vida pública e incluso la llegada al poder, a lo largo de los últimos años,  de figuras como Violeta Chamorro en Nicaragua, Mireya Moscoso en Panamá, Michelle Bachelet en Chile o Laura Chinchilla en Costa Rica, entre otras.

En el África negra, donde la mujer juega un papel importantísismo como fuerza de trabajo y sustento de la sociedad, encargándose de trabajar la tierra y del cuidado y formación de los hijos, ésta sigue estando discriminada no sólo en la vida profesional, sino en las posibilidades de acceso al estudio impuestas por su propio entorno familiar, que es lo que realmente la abriría las puertas a una futura oportunidad laboral remunerada. A pesar de ello, en la actualidad tres mujeres dirigen sus respectivos países en este continente: la presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf, quien tomó las riendas de un país devastado por la Guerra y va por su segunda legislatura; Joyce Banda, en Malawi, y la primera ministra de Senegal, Aminata Touré, designada para el puesto por el actual presidente Macky Sall. Esta última, además, ha logrado acercar la proporción entre hombres y lujeres en el parlamento gracias al funcionamiento de una reciente ley de paridad de sexos.

En el caso de Sudáfrica, que tiene uno de los índices más elevados de mujeres en el poder político y en las grandes empresas, esto no se traduce en la base de la sociedad porque las mujeres carecen de un respeto básico en otros aspectos. Como señala Mo Ibrahim, un destacado ingeniero, empresario y filántropo sudanés, “la construcción de la cohesión social sigue siendo la gran asignatura pendiente de África”. Y no sólo con respecto al género, sino con la posibilidad de que toda la ciudadanía tenga las mismas facilidades de acceso y participación en la vida pública, desde la economía a la educación y sanidad.

En Asia, a pesar del progreso alcanzado en la matriculación de mujeres en la enseñanza primaria, secundaria y terciaria, el acceso al simple empleo remunerado sigue siendo muy limitado, lo cual es una indicación de la integración de  las mujeres a la economía de mercado. Así, cuanto más regular es su ingreso económico, más posibilidades tienen de contra con mayor autonomía y aumentar su poder en la toma de decisiones. La desigualdad se nota sobre en todo en países como Bangladesh, Camboya, Filipinas, Timor Leste y Vietnam, donde además la violencia, corrupción y discriminación por razones de sexo desalientan a las mujeres para participar en política e impiden incluso que la representación parlamentaria llegue al 30% (excepto en Timor Este, que supera esta cifra.

No obstante, hay algunos casos en los que las mujeres comienzan a destacar, tanto a nivel político, tecnológico y empresarial, sobre todo en países como China, Singapur o Corea del Sur. Mención aparte merece la disidente, premio Nobel y parlamentaria birmana Aung San Suu Kyi, en su lucha por la libertad y la democracia.

Sin embargo, y pese a todos estos datos, mucho han cambiado las cosas desde ese 28 de noviembre de 1983, en Nueva Zelanda, donde las mujeres fueron las primeras del mundo en poder votar en una elección nacional. La cuestión es si habrá que esperar otros 150 años a que la cohesión social y la equidad de género sean un hecho. Por el momento, se sabe que el acceso a la educación, la sanidad y la participación ciudadana es clave para ello, sin olvidar que el sistema de cupos, ya sea por decisión de los partidos o por legislación, ha aumentado el promedio de la cantidad de mujeres parlamentarias en 22 de los 48 países en los que hubo elecciones en 2012. Llegará un momento en el que no haya que recurrir a ello pero hasta que eso ocurra, la iguladad de género y el empoderamiento de la mujer transitan estos caminos.

En acción

Huertos urbanos para humanizar las ciudades

En acción

Los núcleos urbanos, debido a una mejor dotación de servicios, una mayor oferta laboral y a su papel como motores culturales, educativos y tecnológicos, concentran más de la mitad de la población mundial. Pero las actuales ciudades, masificadas, contaminadas y ruidosas, cada vez ofrecen menos calidad de vida a sus ciudadanos. En este escenario aparecen los huertos urbanos que, con su oferta de participación ciudadana, gratuíta y de autogestión, se han convertido en una opción de educación ambiental cada vez más demandada para mejorar el entorno y el bienestar personal.

Los kleingärten austriacos, suizos y alemanes, los allotment gardens de Reino Unido, los kiskertek húngaros, los volkstum de Países Bajos, los jardin ouverts franceses, los shiminno japoneses o los community gardens en Estados Unidos, son diferentes nombres para una misma tendencia al alza: cultivar un huerto en un espacio urbano, sin tener que ser propietario del terreno, con el fin de conectar y compartir con otras personas, hacer que la ciudadanía se identifique con los espacios públicos e incluso poder alimentarse con productos ecológicos.

En España, donde los huertos urbanos ya funcionan desde hace tiempo en ciudades como Madrid o Vitoria, el objetivo se centra en compartir terreno, herramientas y conocimiento. Pero también se busca la interactuación lúdica con otros cuidadanos, hacer ejercicio al aire libre y contribuir a la capacidad de mejorar el mundo. ¿Cómo? Por ejemplo, empezando por cambiar el aspecto del solar de enfrente, en desuso desde hace tiempo y habitualmente sucio. Por supuesto, no se trata de ocupar ilegalmente un espacio, pero sí de intentar llegar a un acuerdo con las autoridades municipales y las asociaciones de vecinos para convertir una zona degradada e inutilizada, en un espacio verde y fértil a disposición de los ciudadanos.

A veces, esto ni siquiera hace falta, porque los propios ayuntamientos ponen al servicio de los residentes espacios para ello, como ocurre en Madrid con los huertos La cabaña de El Retiro (en la imagen), el de la plaza de la Cebada o el Siglo XXI de Moratalaz. Participar en esta actividad requiere apuntarse en una lista previa y esperar turno, debido a la alta demanda.

En otros países, comos señala Nerea Morán Alonso en su estudio “Huertos urbanos en tres ciudades europeas: Londres, Berlín, Madrid”, la demanda es mayor aún. De hecho, el 40% de los habitantes del área metropolitana de Toronto y el 44% de los de Vancouver producen comida en sus huertos. En Nueva York ya hay 750 jardines comunitarios destinados al autoconsumo y en Zurich (Suiza) las ordenanzas municipales incluso permiten el cultivo de los espacios verdes.

En su inicio, en el siglo XIX, los huertos urbanos sirvieron para aliviar las condiciones de pobreza de los barrios obreros causadas por la industrialización y las migraciones del campo a la ciudad. Así, por ejmplo, surgieron los Urban Gardens en Estados Unidos. Las dos guerras mundiales del siglo XX obligaron también a los gobiernos a fomentar el autoabastecimiento de las ciudades con la cría de animales y el cultivo de frutas y verduras. Pero tras las II Guerra Mundial el modelo cambia y comienza el tranporte a larga distancia de los alimentos, que se incrementa hasta nuestros días. Es en los años 70, con la crisis de la energía y la recesión económica, cuando los jardines y huertos urbanos vuelven a ser una alternativa.

Aunque es cierto que estas iniciativas aumentan en los momentos de necesidad económica, éstas también responden a una apuesta de los ciudadanos por los valores sostenibles para sus ciudades, el reforzamiento de las capacidades de autogestión, la integración social y la educación ambiental. Asímismo, se reclama el consumo de alimentos sanos, de calidad y cultivados localmente.

El desafío actual, más allá de las demandas de los ciudadanos, es intentar conseguir que las autoridades, asociaciones vecinales y profesionales implicados en el desarrollo urbano consigan integrar estos proyectos. Se podría así dotar de una dimension humana y ecológica a los futuros procesos de rehabilitación de las ciudades. También sería una estupenda manera de tener las azoteas verdes, los jardines cuidados, los huertos fértiles y las terrazas cultivadas. El resultado de todo ello serían ciudadanos más sanos y felices. ¿Merece la pena la apuesta?

¿Es el momento de promover el movimiento por una nueva economía?

Foto economiaCriterios de utilidad social en las empresas prevaleciendo sobre el beneficio económico como único fin, economía basada en el bien común, redistribución de los ingresos y del empleo, sociedades que produzcan mejor y consuman menos,…Éstas son algunas de las premisas promulgadas por algunos expertos en los últimos años y que parten de la idea básica de que el dinero no debe de ser un fin, sino un medio. Con ello buscan un nuevo modelo social, económico y político que facilite el bienestar de los ciudadanos sin tener que practicar un consumismo desbocado y un crecimiento económico obligado.

Algunos economistas (Serge Latouche), intelectuales (Tim Jackson) y activistas políticos (Christina Felber) ya defienden desde hace tiempo un sistema alternativo basado en el fomento de los valores éticos de empresas y personas. Jackson, por ejemplo, profesor de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Surrey (Inglaterra), propone primar la salud, la felicidad, las buenas relaciones y la confianza en el futuro por encima de otros objetivos. En su libro “Prosperidad sin crecimiento” da las pautas para conseguirlo. Las principales pasan por aumentar las inversiones ambientales, desplazar el énfasis del gasto privado al gasto público, redistribuir tanto los ingresos (menos diferencias salariales) como el empleo (redistribución de las horas de trabajo), regulación de los bancos, aumento de impuestos sobre los recursos naturales y la contaminación, y medidas para desalentar el consumo feroz.

En esa línea, Latouche, como precursor de la Teoría del Decrecimiento, recomienda una sociedad que produzca y consuma menos. Así, critica la nueva cultura del usar y tirar, los créditos desbocados y los atentados ecologistas fruto del consumo de recursos naturales. Por estas razones, en su libro “La sociedad de la abundancia frugal” destaca la necesidad de reclamar una mejor calidad de vida basada en otras prioridades entre las que no se encuentra el dinero y para conseguirlo propone impuestos sobre el consumo excesivo, menos horas de trabajo y limitación regulada de los créditos bancarios.

Felber, que centra su discurso en la responsabilidad de las empresas, explica cómo y por qué éstas deben regirse por criterios de utilidad social y no de competitividad, rendimiento, crecimiento y beneficio. En su libro “50 propuestas para un mundo más justo” ya diferenció los valores y objetivos del sistema capitalista y en “La economía del bien común” ofrece medidas concretas para conseguirlo: limitar las desigualdad salarial entre empleados, respeto al medioambiente tanto en la producción como en el consumo, paridad en la remuneración de hombres y mujeres, fomento de la democracia directa a través de consultas al ciudadano,…El objetivo es aumentar el índice de vida municipal (participación ciudadana en el proceso de mejora) y la creación de asambleas económicas y democráticas para que la ciudadanía defina el orden económico imperante en base a sus necesidades y valores.

En España, el movimiento ciudadano +Democracia ya propone alternativas y reformas profundas. En este caso, buscando el cambio del contexto político desde la pluralidad ideológica y la diversidad social. Su primer objetivo, la reforma de la Ley de Partidos Políticos, está en marcha. Al igual que este manifiesto por la nueva economía como alternativa. Ciudadanos, políticos y empresarios tienen una línea a seguir que escapa al pensamiento único oficial. Quizá sí sea factible un bienestar social alejado de nuevos colapsos fiancieros y ecológicos. Al menos, para los que no están contentos con la situación actual, que son muchos…

foto minotauro

Grecia y las palabras como solución a la crisis

foto minotauroLas palabras forman frases u oraciones y cumplen distintas funciones. Sirven, básicamente, para nombrar, indicar acciones, cualidades y cantidades. Sin embargo, algo tan simple en su funcionamiento se vuelve complicado cuando intentamos verbalizar ciertas situaciones, especialmente si éstas nos resultan inexplicables.

Intentar poner palabras a la crisis económica actual, por ejemplo, es difícil. Por su complejidad, la sorpresa con la que llegó y la falta de soluciones hasta la fecha. Sin embargo, hay una palabra que resume perfectamente esta situación: aporía (dificultad lógica de índole especulativa). Incluso hay un economista, Yanis Varoufakis, que la utiliza para explicar cómo ésta situación se vuelve colectiva al constatar que, desde septiembre de 2008 hasta hoy, 40 millones de activos han desaparecido, 14 billones de dólares de riqueza doméstica y 700.000 empleos se han destruído -sólo en USA- y un número incontable de viviendas han sido embargadas en todo el mundo. ¿Cómo comprender algo tan destructivo en tan corto espacio de tiempo? Es complicado pero, como dice Varoufakis, “nada nos humaniza tanto como la aporía, ese estado de intensa perplejidad en el que nos encontramos cuando nuestras certezas se hacen añicos”.

Siguiendo con las palabras, hablemos de la metáfora (figura retórica para denominar o calificar algo a través de su semejanza con otra cosa)  que este economista utiliza en su libro El Minotauro global para intentar clarificar  esta situación. El minotauro en este caso es presentado como un sistema global insostenible y descompensado, que sobrevivió desde los años setenta hasta hoy gracias a los inmensos flujos de capital (o tributos) enviados desde todo el mundo a EEUU y Wall Street. Ello convirtió al minotauro global en el motor que impulsó la economía mundial desde principios de los 80 hasta 2008. El debilitamiento del minotauro nos lleva a la época actual debido a las diferentes causas que se encuentran en dicho libro.

Claro que intentar que las palabras solucionen de alguna manera la situación que nos rodea tiene algo de mezquino. Excepto si reparamos en el poder que a veces encierran. Porque, ¿no es una ironía (figura literaria mediante la cual se da a entender lo contrario de los que se dice) que el premio literario a la mejor novela inédita de ciencia ficción, fantasía y terror se llame Premio Minotauro? ¿No es una novela fantástica lo relatado en el párrafo anterior? Pues casi, aunque la crisis económica es real, a pesar de la metáfora ideada por Varoufakis. Queda entonces sustituir la ironía por la paradoja(proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica) porque esto es lo que describe que el Premio Minotauro sea además el de mayor dotación económica del mundo en su género, cuando precisamente hablamos de economía y de crisis.

De cualquier manera nada de esto tendría sentido si no termináramos con un buen epílogo (parte final de un ensayo en la que se resumen los argumentos fundamentales) que en esta ocasión encontramos en una frase del ensayo “La espada de Damocles”  del novelista Petro Márkaris: “Se podría explicar así por qué la rabia de los alemanes hacia Grecia tiene algo de clásico. Quieren que bebamos cicuta, como Sófocles, porque hemos desafiado las leyes (…). Quien piense que la crisis de Europa es sólo financiera, se equivoca. También estamos viviendo una crisis de los valores europeos”.

Habría que añadir que quien piense que Grecia no tiene nada que decir a la solución de esta crisis también se equivoca: aporía, metáfora, paradoja, ironía y epílogo son palabras griegas. Varoufakis y Márkaris son griegos. También el mencionado Sófocles. Algún aguafiestas podría decir que también lo es la palabra crisis pero… ¿alguien dijo que esto tuviera fácil solución?