¿Qué fue de Julian Assange?

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es Superman! Eso pareció, por un tiempo, que era el creador de WikiLeaks. Protagonista mediático, mesías de la libertad de información, cabeza de turco de los hackers y por ello acosado por la justicia, representante del contrapoder…

Muchas han sido las definiciones sobre Assange desde que iniciara su actividad en 2007, al frente de WikiLeaks, “una organización mediática internacional y sin ánimo de lucro que”, según Wikipedia, “publica a través de sus sitios web informes anónimos y documentos filtrados con sentido sensible en material interés público, preservando el anonimato de sus fuentes”.

La realidad es que, a día de hoy, Assange ha tenido sus más y sus menos con los responsables de los medios de comunicación por él mismo elegidos para difundir sus informes clasificados, entre otras cosas por no preservar el anonimato de dichas fuentes. De hecho, aún no está claro qué ocurrirá con algunos de los informadores mencionados por Assange que están a la espera de ser procesados.

Tampoco puede decirse que el mundo se haya transformado tras la aparición de Wikileaks ni que sea más transparente. La tan proclamada “transparencia digital” de Assange ha dado lugar a una restricción aún mayor del material ya clasificado por los estados y a unas medidas más cautelares en los ámbitos diplomáticos.

Pero es que, siguiendo con la definición de Wikipedia por la que “Wikileaks se ofrece a recibir informaciones que desvelen comportamientos no éticos por parte de gobiernos, con énfasis en los países que consideran tienen regímenes totalitarios”, queda en entredicho la propia ética de un personaje que, entre otras muchas cosas,  ha sido acusado cuanto menos de totalitario en sus relaciones con sus trabajadores y colaboradores.

Por último, y sin menospreciar tanto la visión de Assange con respecto al uso de internet para la difusión de los contenidos clasificados como su valor para enfrentarse a los poderes establecidos, no cabe menos que desmitificar su labor al frente del periodismo, que no ha consistido más que una edición 2.0 del periodismo de investigación de toda la vida y sus correspondientes gargantas profundas, que por cierto, siempre han existido.

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¿Operación de tiroides u “Operación Evita”?

“La cirugía de la señora presidenta de la nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner, se realizó sin ningún inconveniente ni complicaciones”. La lectura del parte medico por parte del Secretario de Comunicación Pública de la Presidencia, Alfredo Scoccimarro, el pasado 4 de enero, fue recibida con una explosion de júbilo por parte de la multitud peronista que esperaba a las puertas del sanatorio Austral, en Buenos Aires.

Militantes, simpatizantes enfervorecidos alrededor de la imagen de una virgen, y curiosos –algunos de los cuales permanecieron incluso en vigilia toda la noche- celebraron el desenlace de la extirpación de la glándula tiroidea de la mandataria argentina, afectada de un carcinoma papilar en su lóbulo derecho. Al más puro estilo Evita, la población se echó a la calle para arropar a su presidenta.

“La Unidad Médica Presidencial tiene la satisfacción de comunicar que el equipo del Hospital universitario Austral informó que el estudio hispatológico descartó la presencia de células cancerígenas en las glándulas tiroides, modificando así el diagnóstico inicial”, anunciaba cinco días después Scoccimaro. Desaparecía así el cancer que los más prestigiosos oncólogos y endocrinos argentinos habían diagnosticado.

Y vuelta a los mensajes de aliento de los seguidores que seguían a las puertas del sanatorio y de nuevo el movimiento de carteles en alto, con mensajes de ánimo para la presidenta. El peronismo en éxtasis recordando los tiempos en que otra mujer se dejaba la piel en el cargo por ellos.

Y es que los estrategas del oficialismo no caben en sí con el regalo que han recibido. Con el cadaver aún insepulto de Néstor Kirchner, los gritos de “¡Ernesto vive! sirvieron para arrancar la campaña para la reelección de Cristina. Era el comienzo de otra operación, la Operación “¡Cristina presidenta 2011!. La señora Fernández, viuda a los 57 años, quedaba como la sucesora natural de lo que los peronistas llaman “modelo de gobierno”, un modelo que no dudó en encargar a una consultoría de opinión un sondeo telefónico, en las casas, en el que una voz grabada formulaba varias preguntas, la última de ellas: “¿Votaría a Crstina Fernández, Sí o No”? Dicha encuesta se realizó durante la retransmisión en directo del funeral de Néstor Kischner.

Senegal, preludio de otra “primavera árabe”…

Se cumplen 52 años de la independencia de uno de los países del África Occidental más admirados. Léopold Sédar Senghor, el poeta presidente que reivindicó la dignidad y el honor para su pueblo; la sociedad senegalesa, ejemplo de cohesión social y pacifismo, una joven pero entusiasta trayectoria democrática que dio lugar a un pueblo culto y tranquilo durante muchos años,… Todo ello ha estallado en un ambiente de profunda crispación social de cara a las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar el 26 de febrero.

El subdesarrollo económico, la corrupción de los políticos, la falta de futuro de los jóvenes, la dependencia crónica de los países donantes de fondos, la manipulación de la sociedad por parte de los marabouts (líderes sociales y religiosos pagados por los políticos para aleccionar y condicionar a los ciudadanos en sus convicciones),… Son muchas las causas que hacen de Senegal hoy un país cansado y que no se siente representado por la clase política.

Las últimas manifestaciones de los ciudadanos han dejado un balance de seis muertos por enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y una actitud de clara oposición a la candidatura del presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, de 85 años de edad, que opta de nuevo al cargo tras 12 años en el poder. Un presidente que, enfermo (pasa más tiempo en los hospitales parisinos que en Dakar) y consciente de su edad, delega la vicepresidencia de su candidatura en su hijo Karime Wade (más de lo mismo).

Mientras, la comunidad internacional prepara su despliegue de observadores internacionales con el fin de que las próximas elecciones, en función de su desarrollo y resultados, no den lugar a un estallido social de graves consecuencias. La Unión Europea (UE) ha enviado ya un primer grupo de 18 expertos que se han dispersado por diferentes zonas del país. Un segundo grupo de 28 observadores desembarcará la próxima semana en Dakar con el fin de estar en constante comunicación con las autoridades administrativas locales y los representantes de la Comisión Electroal Nacional Autónoma (CENA).

El presidente Wade no se enfrenta sólo a los otros 13 candidatos, sino al despertar de la conciencia política popular y, quién sabe, si al inicio de una primavera árabe, esta vez en el África Occidental.