¿Operación de tiroides u “Operación Evita”?

“La cirugía de la señora presidenta de la nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner, se realizó sin ningún inconveniente ni complicaciones”. La lectura del parte medico por parte del Secretario de Comunicación Pública de la Presidencia, Alfredo Scoccimarro, el pasado 4 de enero, fue recibida con una explosion de júbilo por parte de la multitud peronista que esperaba a las puertas del sanatorio Austral, en Buenos Aires.

Militantes, simpatizantes enfervorecidos alrededor de la imagen de una virgen, y curiosos –algunos de los cuales permanecieron incluso en vigilia toda la noche- celebraron el desenlace de la extirpación de la glándula tiroidea de la mandataria argentina, afectada de un carcinoma papilar en su lóbulo derecho. Al más puro estilo Evita, la población se echó a la calle para arropar a su presidenta.

“La Unidad Médica Presidencial tiene la satisfacción de comunicar que el equipo del Hospital universitario Austral informó que el estudio hispatológico descartó la presencia de células cancerígenas en las glándulas tiroides, modificando así el diagnóstico inicial”, anunciaba cinco días después Scoccimaro. Desaparecía así el cancer que los más prestigiosos oncólogos y endocrinos argentinos habían diagnosticado.

Y vuelta a los mensajes de aliento de los seguidores que seguían a las puertas del sanatorio y de nuevo el movimiento de carteles en alto, con mensajes de ánimo para la presidenta. El peronismo en éxtasis recordando los tiempos en que otra mujer se dejaba la piel en el cargo por ellos.

Y es que los estrategas del oficialismo no caben en sí con el regalo que han recibido. Con el cadaver aún insepulto de Néstor Kirchner, los gritos de “¡Ernesto vive! sirvieron para arrancar la campaña para la reelección de Cristina. Era el comienzo de otra operación, la Operación “¡Cristina presidenta 2011!. La señora Fernández, viuda a los 57 años, quedaba como la sucesora natural de lo que los peronistas llaman “modelo de gobierno”, un modelo que no dudó en encargar a una consultoría de opinión un sondeo telefónico, en las casas, en el que una voz grabada formulaba varias preguntas, la última de ellas: “¿Votaría a Crstina Fernández, Sí o No”? Dicha encuesta se realizó durante la retransmisión en directo del funeral de Néstor Kischner.

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