El agua como factor de desarrollo

Más de 20.000 expertos (entre líderes políticos, profesionales del agua, científicos y ONG) y delegaciones de 140 países están reunidos en Marsella estos días, con motivo del VI Foro Mundial del Agua, el mayor acontecimiento mundial que se celebra sobre este recurso, cada tres años. Y es que “el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. Así consta desde 2010, según la resolución 64/292 de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Por el momento, y bajo el lema de este año “El tiempo de las soluciones”, se ha constatado que la población se ha triplicado en los últimos cien años mientras que el consumo del agua se ha multiplicado por seis. Aún así, se ha conseguido uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD): reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso al agua potable mucho antes de la fecha límite de 2015. Además, se estima que, en 2015, el 92% de la población mundial tendrá total acceso al agua potable.

¿Dónde están los problemas entonces? Pues que a día de hoy muchas epidemias y crisis sanitarias son consecuencia de una situación que dista de ser óptima: una parte importante de la población que tiene acceso al agua recibe sin embargo servicios deficientes y poco sostenibles; el 11% de la población mundial carece todavía de acceso a agua potable (unos 1.000 millones de personas beben de fuentes no protegidas) y los avances en saneamiento van muy lentos (1.100 millones de personas defecan al aire libre, lo que conlleva un alto riesgo para la transmisión de enfermedades).

Sin menospreciar estos datos, hay que destacar otro problema: la gestión del agua en condiciones de incertidumbre y riesgo es fundamental para abordar crisis globales posteriores, como las consecuencias que tuvo la sequía de 2006 en Rusia. Este fenómeno dio lugar a la suspensión de las exportaciones de trigo a nivel mundial, la duplicación de su precio y la carencia del consumo de una materia prima fundamental entre muchos países del Tercer Mundo. De hecho, este fue considerado como uno de los elementos desencadenantes de las revueltas en los países árabes.

El Foro de Marsella tiene la oportunidad de recordar que, como destaca la ONU en su cuarto informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo, el agua tiene una papel central en todos los aspectos del desarrollo económico y el bienestar social, y que su mala gestión aumenta al ritmo que se suceden las crisis.

Anuncios

“Salvar el alma de América”

Así de tajante se muestra Mitt Romney, reciente ganador de las primarias en Michigan como candidato del Partido Republicano. “Estoy listo para liderar a mi partido y al país, y para comenzar el camino hacia la recuperación económica. Son tiempos duros pero esta vez no podemos permitirnos equivocarnos. Lo he dicho antes y me reafirmo en ello: de esta campaña depende salvar el alma de América”. Estas fueron sus palabras en el discurso de Detroit, a pesar de que ganó sólo con un 41% de los votos frente al 38% de Santorum.

Pero no debe extrañar esta carga mesiánica en los discursos de Romney, digno tataranieto de uno de los primeros conversos a la iglesia mormona, así como Obispo de Cambridge y Belmont, lugar en el que además fue líder de su parroquia. Como uno de tantos Elders (hermanos de la iglesia mormona), que encontramos en el metro de cualquier gran ciudad, él mismo viajó a Francia en los años sesenta para predicar su religion y extender el conocimiento del Libro del Mormón.

Mitt Romney se enfrenta, sin embargo, a las reticencias de una parte considerable del electorado republicano. Y no sólo por su devoción a la iglesia mormona, lo cual le haría tener en contra al 22% del electorado según una encuesta de Gallup realizada el pasado mes de junio, sino por su escueto pago de impuestos a las arcas del país, a pesar de ser uno de los candidatos más ricos en la historia de la precandidatos presidenciales republicanos.

La tasa impositiva efectiva de Romney está por debajo del 15% debido a que sus enormes ingresos se derivan casi exclusivamente de ganancias de capital y dividendos de su cartera de inversiones, pero también porque cuenta con deducciones basadas en contribuciones caritativas, como los 4 millones de dólares destinados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, normalmente conocida como Iglesia del mormón.

No sabemos si el exgobernador de Massachusetts conseguirá ser el candidato del Partido Republicano en las próximas elecciones USA, pero si esto fuera así, se repetiría la historia que hace cuatro años se vivió con las primarias democratas, en la que por primera vez se planteó la posibilidad real de que un negro (Barak Obama) o una mujer (Hillary Clinton) aspiraran a la presidencia de los Estados Unidos. Sería también la primera vez que, con el fin de “salvar el alma de América”, el próximo aspirante republicano a la Casa Blanca fuera Mitt Romney, un mormón.