Israel y los inmigrantes africanos, entre el cielo y el infierno

“… Mirad cuán bueno y cuán placentero es para los hermanos vivir juntos y unidos”. (Salmos, 133:1). Así comienza la página web de la Embajada de Israel en España, en la sección del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde se define a su población como “muy variada, con transfondos étnicos, comunitarios, religiosos, culturales y sociales  muy diversos”.

No se sabe si esta diversidad y transfondo étnico incluye a los más de 60.000 inmigrantes africanos (eritreos y sudaneses en su mayoría) que han atravesado las fronteras de Israel en los últimos años y que desde hace algún tiempo viven acosados por una parte de la sociedad y los políticos. El propio parlamentario del Likud Danny Danon –miembro del comité  para Asuntos de Inmigración, Absorción y Diáspora- ha tildado recientemente a este colectivo de “plaga nacional” y ha propugnado su expulsión.

Será el próximo 3 de junio cuando el Gobierno se pronuncie sobre una solución definitiva pero ya el Ministro de Interior, Eli Yishai, del partido ultraortodoxo Shas, ha declarado que Israel está dispuesto a financiar los viajes y las ayudas necesarias si eso consigue que los inmigrantes africanos abandonen Israel.

Es cierto que la llegada de inmigrantes a cualquier país provoca recelos pero las escenas que se están viviendo en los últimos días al sur de Tel Aviv, con manifestaciones violentas, lemas agresivos y consignas extremas, hacen pensar que algo debería cambiar. Empezando por una política de asilo que defina la protección temporal y las condiciones bajo las que tal protección podría revocarse.

Por el momento, la legislación existente  condena a estos inmigrantes a permanecer en un limbo legal que les permite no ser deportados a su país de origen -Israel es firmante de la Convencion sobre el estatuto de los refugiados (1951)-, pero tampoco les reconoce como refugiados ni les concede ningún derecho o visado de trabajo.

 Aliyá, según Wikipedia, es el término utilizado para llamar a la inmigración judía a la Tierra de Israel. Es un concepto central en la cultura y la religion judía y constituye la base fundamental del sionismo.  Curiosamente, este término incluye tanto a la migración voluntaria por razones ideológicas, emocionales o prácticas como la de las poblaciones de judíos perseguidos. Por ello, Israel es reconocido como un pais de inmigrantes y de refugiados.

 Los inmigrantes africanos que allí han llegado desde 2006, cruzando la peninsula del Sinaí, no son judíos pero han salido buscando la paz, el asilo y el trabajo que en su país no tienen. Al igual que tantos millones de judíos lo hicieron a lo largo de su existencia.

Y al igual también que en la diáspora judía, el camino de los emigrantes africanos hasta Israel ha estado lleno de tragedias, sufrimiento y desesperación. Desde casos de graves abusos y torturas por parte de los traficantes beduinos a las cuantiosas deudas contraídas antes de salir para pagar el trayecto.

 Israel se encuentra ante una difícil situación que, como declaró el propio Danon, no se solucionará “con la implementación de agentes de la Guardia de Fronteras”.

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