Sarkozy, Europa y la ultraderecha

¿Qué tienen en común el Partido por la Libertad de los Países Bajos, el partido JOBBIK de Hungría, el Frente Nacional francés, los Verdaderos Finlandeses en Finlandia o Amanecer Dorado en Grecia? Pues que son partidos politicos de extrema derecha. Y muy nacionalistas, xenófobos, racistas y antieuropeos. Pero además, todos ellos están en auge en sus respectivos países hasta el punto de que, en algunos casos, han conseguido la mayor representación parlamentaria de su historia –como la formación francesa-, o han forzado la caída de su gobierno –en Holanda-.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Pues algunas causas podrían ser el descontento generado por la crisis económica, la decepción por la falta de reacción de los politicos europeos e incluso la humillación sufrida por algunos de los países intervenidos. Pero también ha contribuido el rédito politico que algunos líderes, como Sarkozy, han querido sacar a la situación, con sus críticas al funcionamiento de Schengen, a la política comercial de la UE y al estatuto del Banco Central Europeo.

Todo ello, sin mencionar la ruptura del pacto republicano contra el Frente Nacional, por parte del partido conservador del propio Sarkozy, en perjuicio de los socialistas, y que propició la libertad de voto para apoyar a la ultraderecha en las últimas elecciones francesas.

El resultado ha sido un fenómeno que desde hace tiempo se extiende también por otros países europeos como Austria –con la Alianza por el Futuro de Austria-, Suecia –Demócratas de Suecia-, Suiza –Partido Popular suizo-, Noruega –Partido del Progreso-, Bélgica –Vlaams Belang- y Dinamarca –Partido Popular Danés-, entre otros.

El marcado carácter antieuropeísta de estas formaciones ha despertado preocupación al respecto ya que todas ellas son “fundamentalmente contrarias a los ideales de la construcción europea”, según señaló Olivier Bailly, uno de los portavoces del ejecutivo comunitario y muestran un “sentimiento contrario a las sociedades abiertas” añadió el Ministro Sueco de Asuntos Exteriores, Carl Bildt.

El bloqueo de las fronteras frente a la inmigración, el rechazo al euro y una defensa férrea de los nacionalismos son reivindicaciones comunes de estos partidos. Algo que no se esconde pero sí se maquilla en  frases como las que Marine Le Pen expresó tras conocer que había sido la tercera fuerza política más votada en la primera vuelta de las últimas elecciones francesas: “Este es el comienzo de una agrupación de patriotas y de defensores de su identidad”-. Y es que, aunque tras la segunda vuelta de las elecciones el Frente Nacional obtuvo sólo dos escaños (menos de lo que se esperaba), la extrema derecha consiguió volver a la Asamblea Nacional, algo que no ocurría desde 1988.

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