Mujeres…¿al poder?

Dilma-RousseffAngela Merkel, Christine Lagarde, Miuccia Prada, Hillary Clinton, Arianna Huffington, Dilma Roussef, Melinda Gates, JK Rowling o Cristina Fernández de Kirchner junto a otras personalidades menos conocidas como la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-Hye, la consejera delegada de IBM Ginni Rometty o la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chang, entre otras, forman parte de las trece actuales presidentas o primeras ministras, las 24 CEOS de empresas multinacionales y las incontables artistas, activistas e intelectuales que contribuyen en la actualidad al movimiento del mundo. Pero, ¿se traduce esto en una participación real de las mujeres en las decisiones de poder? ¿Hasta qué punto su ascenso a la participación en la economía, la política y los puestos de responsabilidad responde a una situación equitativa y produce resultados más justos para la sociedad?

Como ya se reconoce públicamente en todos los organismos internacionales, la participación política de la mujer es un elemento crucial para el diálogo democrático y la cohesión social, aparte de una cuestión de justicia y equidad. Pero es que desde el punto de vista macroeconómico, una mayor participación laboral de la mujer impulsaría el crecimiento del PIB a nivel mundial -en numerosos países las formación de las mujeres es alta, lo que otorga un alto potencial a su contribución al mercado- y compensaría la caída de la población activa, con sus consiguientes repercusiones en los sistemas de pensiones, entre otras consecuencias positivas.

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) desvela que si se produjera la equiparación de hombres y mujeres en el mercado laboral para 2030, los países donde más crecería la fuerza laboral, tanto por razones de formación como de potencial competitividad serían Brasil, Chile, República Checa, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, México, Polonia, Eslovaquia y España. Es decir, el alcance de estas tasas de participación masculina y femenina supondría un buen empujón para las economías de dichos países y una estupenda aportación para la mejora de la crisis económica mundial.

Que esto no sea posible a corto plazo quizá se deba tanto a la dificultad de acceder a esos puestos de poder de la mayoría de la sociedad femenina como en las dificultades que sigue afrontando el creciente número de mujeres electas y en puestos de responsabilidad. Estas dificultades se centran en la desigualdad salarial, la corrupción y la necesidad de seguir políticas de participación basadas en las cuotas, que no siempre están bien vistas incluso por otras mujeres. En otros casos más extremos y sobre todo en ciertas sociedades, las mujeres además experimentan las consecuencias de los conflictos armados, llegando a ser víctimas de violencia sexual y quedando excluídas de los procesos de las tomas de decisiones relacionadas con los procesos de paz. Y todo ello a pesar de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el el que expresamente se hace un llamamiento para fortalecer y ampliar el papel de las mujeres en la toma de decisiones sobre paz y seguridad con el fin de paliar dichas desigualdades estructurales.

No obstante, hay sitios donde el papel de la mujer ha conseguido cotas de poder nunca vistas. Así, en América Latina, en los últimos 23 años seis mujeres han alcanzado la jefatura de sus estados, cuatro de ellas en los últimos diez años. Ello responde a un proceso de mejoras socio-políticas en la región que, aunque no se ha traducido en una consecución total de políticas de igualdad de género ni en la desaparición del machismo en estas sociedades, sí que ha permitido el crecimiento de la participación general de las mujeres en la vida pública e incluso la llegada al poder, a lo largo de los últimos años,  de figuras como Violeta Chamorro en Nicaragua, Mireya Moscoso en Panamá, Michelle Bachelet en Chile o Laura Chinchilla en Costa Rica, entre otras.

En el África negra, donde la mujer juega un papel importantísismo como fuerza de trabajo y sustento de la sociedad, encargándose de trabajar la tierra y del cuidado y formación de los hijos, ésta sigue estando discriminada no sólo en la vida profesional, sino en las posibilidades de acceso al estudio impuestas por su propio entorno familiar, que es lo que realmente la abriría las puertas a una futura oportunidad laboral remunerada. A pesar de ello, en la actualidad tres mujeres dirigen sus respectivos países en este continente: la presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf, quien tomó las riendas de un país devastado por la Guerra y va por su segunda legislatura; Joyce Banda, en Malawi, y la primera ministra de Senegal, Aminata Touré, designada para el puesto por el actual presidente Macky Sall. Esta última, además, ha logrado acercar la proporción entre hombres y lujeres en el parlamento gracias al funcionamiento de una reciente ley de paridad de sexos.

En el caso de Sudáfrica, que tiene uno de los índices más elevados de mujeres en el poder político y en las grandes empresas, esto no se traduce en la base de la sociedad porque las mujeres carecen de un respeto básico en otros aspectos. Como señala Mo Ibrahim, un destacado ingeniero, empresario y filántropo sudanés, “la construcción de la cohesión social sigue siendo la gran asignatura pendiente de África”. Y no sólo con respecto al género, sino con la posibilidad de que toda la ciudadanía tenga las mismas facilidades de acceso y participación en la vida pública, desde la economía a la educación y sanidad.

En Asia, a pesar del progreso alcanzado en la matriculación de mujeres en la enseñanza primaria, secundaria y terciaria, el acceso al simple empleo remunerado sigue siendo muy limitado, lo cual es una indicación de la integración de  las mujeres a la economía de mercado. Así, cuanto más regular es su ingreso económico, más posibilidades tienen de contra con mayor autonomía y aumentar su poder en la toma de decisiones. La desigualdad se nota sobre en todo en países como Bangladesh, Camboya, Filipinas, Timor Leste y Vietnam, donde además la violencia, corrupción y discriminación por razones de sexo desalientan a las mujeres para participar en política e impiden incluso que la representación parlamentaria llegue al 30% (excepto en Timor Este, que supera esta cifra.

No obstante, hay algunos casos en los que las mujeres comienzan a destacar, tanto a nivel político, tecnológico y empresarial, sobre todo en países como China, Singapur o Corea del Sur. Mención aparte merece la disidente, premio Nobel y parlamentaria birmana Aung San Suu Kyi, en su lucha por la libertad y la democracia.

Sin embargo, y pese a todos estos datos, mucho han cambiado las cosas desde ese 28 de noviembre de 1983, en Nueva Zelanda, donde las mujeres fueron las primeras del mundo en poder votar en una elección nacional. La cuestión es si habrá que esperar otros 150 años a que la cohesión social y la equidad de género sean un hecho. Por el momento, se sabe que el acceso a la educación, la sanidad y la participación ciudadana es clave para ello, sin olvidar que el sistema de cupos, ya sea por decisión de los partidos o por legislación, ha aumentado el promedio de la cantidad de mujeres parlamentarias en 22 de los 48 países en los que hubo elecciones en 2012. Llegará un momento en el que no haya que recurrir a ello pero hasta que eso ocurra, la iguladad de género y el empoderamiento de la mujer transitan estos caminos.

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La Primavera (Árabe) más fría

Foto tunes 

Un 25 de febrero como hoy, de 2011, cien mil personas salieron a la calle en la ciudad de Túnez en protesta por la actitud del gobierno enfrentándose a la policía. Comenzó así la primera de una serie de revueltas sociales, en diferentes países del Norte de África y Oriente Medio, que darían lugar a la llamada Primavera Árabe. Tras Túnez, vinieron alzamientos populares en Argelia, Líbano, Jordania, Mauritania, Sudán, Omán, Arabia Saudí, Egipto, Siria, Yemen, Yibuti, Irak, Somalia, Libia, Kuwait e incluso Marruecos. Algunos de estos movimientos fueron menores (protestas, manifestaciones, ataques a oficinas gubernamentales, etc.) pero otros han provocado, incluso, derrocamientos de regímenes dictatoriales que detentanban el poder desde hacía décadas.

Las demandas de los manifestantes se centraban en la petición de mejoras en las condiciones de vida, libertades democráticas y cambios politicos, económicos y sociales. Pero en este caso, a diferencia de los anteriores, las revueltas no estuvieron protagonizadas por golpes de estado militares que luego dieron paso a gobiernos autoritarios, como había sido habitual, sino por una movilización social que demandaba una transición democrática para conseguir sus propósitos. Por ello, estas revueltas han sido elevadas a la categoría de revoluciones y serán reconocidas como la primera gran oleada de protestas laicas y democráticas en el mundo árabe del siglo XXI.

Sin embargo, tras dos años de movilización social, la situación de esperanza y admiración que despertó este movimiento ha dado paso a una tremenda inestabilidad política, social y económica en la mayoría de estos países. La tensión política se ha disparado en los últimos meses y la paz social se ha roto sobre todo en Túnez, Egipto y Siria. Los políticos no se ponen de acuerdo a la hora de ofrecer constituciones que representen a la mayoría de la sociedad; los radicales islamistas, que actúan desde el poder o con la connivencia del mismo, aplican políticas que discriminan a la mujer y a una parte importante de los que no piensan como ellos (artistas, profesores,…); y el ejército cuenta con demasiado poder todavía como para que el cambio sea real. Todo esto, a su vez, ha provocado que el capital extranjero salga huyendo, que el turismo se esté viendo afectado y que el PIB de los países afectados disminuya. Y si la economía no funciona, las mejoras se retrasan y el estallido social acaba siendo inevitable.

Con esta situación las cuestión es: ¿será capaz la sociedad civil árabe islámica de encontrar el camino para sentar las bases de una democracia moderna? De momento, las tensiones, los enfrentamientos y los radicalismos eclipsan el sol de esta primavera que está en transición. Las demandas de la sociedad, reflejadas en el lema de los opositores al presidente egipcio, Mohamed Mursi, claman por “pan, libertad, justicia social y dignidad humana”, pero también Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel ha destacado que “la Primavera Árabe es una lucha por la dignidad”. No desestimemos este elemento de las reivindicaciones, que fue el motor de revoluciones anteriores (1830, 1848 y las de Europa del Este, a partir de la caída del muro de Berlín en 1989), no precisamente fallidas.

Un post suicida…Si hablamos de Haití en plena campaña electoral USA

Hay tres razones que garantizan que un post no será leído:

1.-El contenido en sí mismo no interesa.

2.-La noticia carece de actualidad.

3.-Ya se ha hablado demasiado sobre el mismo tema.

Pues bien, desafiando la estadística, hablaremos de Haití y además siguiendo al pie de la letra estas tres premisas.

1.-Haití no interesa. ¿Cómo va a resultar atractivo hablar del país más pobre de todo América? Un país que, por si tuviera poco con su posición en el ranking de los más vulnerables, fue asolado en 2010  por un devastador terremoto que provocó que, a día de hoy, todavía haya 370.000 personas viviendo en campamentos. Y que además, recientemente, ha sido víctima del huracán Sandy. Ah! ¿Qué ustedes pensaban que Sandy sólo había afectado a la costa Este de los Estados Unidos? Pues no. Casi 60 muertos, diez desaparecidos y miles de afectados son la prueba de que este huracán también pasó por Haití.

2.-Haití no está de actualidad. Claro. ¿Cómo va a estarlo habiendo elecciones el 6 de noviembre de 2012 en USA? La sombra del gigante norteamericano es alargada. Tanto como para eclipsar con su campaña electoral lo que ocurre a pocos kilómetros de distancia de su propia Costa Este. Ohio, Romney, Obama,…Estos términos generan un ciclón informativo tan potente que se mantendrán en el epicentro informativo durante días. A pesar de lo que ocurra alrededor. La actualidad tiene claras sus prioridades y estas se centran en lo que ocurra a corto y medio plazo en Estados Unidos y su ámbito de influencia económica y geoestratégica.

3.-Haití cansa. ¿Cuándo va a dejar de pedir dinero? Ahora resulta que, según el primer ministro haitiano Laurent Lamothe, necesitan aumentar de 5 a 6 millones de dólares la cantidad necesaria para atender a los afectados, que ya no se sabe si lo son por el terremoto de 2010, el huracán de la semana pasada o la epidemia de cólera que comenzó en octubre de 2011 y que ya ha matado a 7.000 personas. Y eso sin mencionar otros problemas de calado como la inestabilidad política en la que vive el país (el presidente Martelly, que acaba de cumplir un año en el cargo, sólo ha podido trabajar con un gobierno legítimo durante cuatro meses), las presiones de cientos de exsoldados armados para que se restablezca el Ejército en el país, el aumento de las canalizaciones de droga desde Colombia, el incremento de la violencia debido a todo ello, la pobreza que no cesa….

Pues la verdad es que los agoreros tienen razón. Dejen de leer si no lo han hecho ya. A estas Alturas, sólo Forges se acuerda de que Haití también existe.

Acuerdo histórico para la paz de un conflicto olvidado

Tras cuarenta años de lucha armada y 150.000 muertos (alrededor del 20% de ellos civiles), el gobierno y el mayor grupo rebelde musulmán filipinos acaban de firmar un acuerdo de paz. Y el hecho de que ello haya pasado prácticamente desapercibido en los medios de comunicación (la noticia no ha durado más de un día en los medios) y en la opinión pública, dice mucho de por qué situaciones como ésta forman parte de los llamados “conflictos olvidados”. Por eso este post, Desde la gavia, reivindica que el hecho de poder celebrar algo como este acuerdo de paz, no merece ser desdeñado.

Es cierto que esta firma sólo supondrá el inicio de un proceso pero es la primera vez, desde que en 1970 comenzara el conflicto armado, que un líder del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) entra en el palacio presidencial de Manila y, sobre todo, que con la ratificación del acuerdo de paz acepta renunciar a la creación de un estado de mayoría islámica en Mindanao, al sur del país. A cambio, se convertirán en una región autónoma con una importante cuota de poder, la capacidad de administrar sus ingresos fiscales y gestionar parte de la riqueza de la región.

Y es que Mindanao, o Bangsamoro, como los musulmanes filipinos llaman a su territorio original desde antes de la llegada de los católicos españoles, en el siglo XVI, es un territorio rico en recursos naturales (gas, petróleo, oro y cobre). De hecho, los expertos estiman la riqueza mineral de la zona en más de 300.000 millones de dólares.

Por mi parte, y a pesar del largo camino que queda por recorrer, me uno a las declaraciones del presidente de Filipinas, Benigno Aquino, que ha asegurado que el acuerdo es una “oportunidad para lograr por fin una paz genuina y duradera” , y ello es más de lo que se podía pensar tras la entrevista que mantuve con la cúpula del FMLI, en 2001 (se adjunta foto), cuando los secuestros y las acciones criminales al sur del país eran frecuentes. Quizá por ello los expertos son optimistas, con razón, al considerar que Aquino, que ha promovido dicho proceso de negociación desde que llegó a la jefatura del Estado en 2010, será capaz de sacar adelante este acuerdo de paz con éxito antes de acabar su mandato, en 2016

Europa federal antes de…¿Cincuenta años?

“Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en contacto, de discutir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de solidaridad, que les permita, en los momentos que estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias graves, si es que estas surgen. (…) Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio económico: esa es la cuestión que más presiona…”

Aristide Briand, primer ministro francés, daba este discurso en septiembre de 1929 ante la Sociedad de Naciones abogando ya por un  movimiento federalista europeo que implicara a los políticos en el proyecto. Hasta ese momento, una iniciativa que sólo era respaldada por el mundo de la cultura, empezaba a tomar forma entre personalidades de los gobiernos alemán y francés, así como entre economistas ingleses como Keynes.

El germen de los Estados Unidos de Europa estaba sembrado y, aunque la llegada de la crisis del 29 y la consiguiente Gran Depresión aparcaron el sueño federalista, el periodo de Entreguerras acerca el debate a las élites y, a lo largo del tiempo, al pueblo.

De hecho, El Tratado de París (1951) y la firma de otros tratados como el de Roma, Acta Única Europea, Maastrich o Lisboa, han contribuido a la creación de lo que en la actualidad es la Unión Europea, con su moneda y mercado único y la libre circulación de personas y mercancías, todos ellos pasos necesarios para la consolidación del proyecto federalista.

La hoja de ruta comenzada en 1929 ha continuado recientemente con la propuesta del presidente de la Comisión Europea, Manuel Durao Barroso, de convertir la UE en una federación de estados nación para competir en un mundo globalizado con potencias como Brasil, China o Estados Unidos. Para ello demanda una mayor cesión de soberanía que permita coordinar mejor las políticas económicas.

Barroso también señaló que la siguiente parada de dicha hoja de ruta, ya presentada, sería la unión bancaria, con el Banco Central Europeo (BCE) como supervisor único. Se continuará con una mayor supervisión de los presupuestos nacionales y un avance en la emisión de eurobonos. Y antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2014, se presentarán iniciativas para la futura unión federal de estados nación, que necesitará un cambio de tratados y una cumbre europea para su aprobación.

¿El objetivo? Crear un supergobierno de la UE, con una Europa de corte más federal, con un presupuesto y una política económica común, mecanismos de solidaridad, union bancaria y, sobre todo y más difícil todavía, una política exterior común.

¿Los plazos? Ahí empieza el problema porque una federación necesita tiempo. El ejemplo de Suiza así lo demuestra, habiendo tenido sus cantones que vivir primero un proceso de confederación, antes de dar el paso a la federación de pleno derecho en 1948. Aún así hubo tensiones entre los liberales y conservadores, y los protestantes y católicos. Si a esto le sumamos que el tamaño de suiza no es comparable al de la UE, con cientos de millones de habitantes, se puede intuir que el camino no sera fácil.

Cabe en este momento preguntarse por los plazos que se habrá propuesto Artur Mas, presidente del ejecutivo catalán, en su apuesta independentista para Cataluña. Porque si las reivindicaciones nacionales catalanas, como explica el exconsejero de Economía Antoni Castells (PSC), sólo pueden tener cabida en una Europa Federal, y esta se plantea a medio plazo, ¿qué sentido tiene la convocatoria de un referendum para el próximo mes de noviembre?

La reforma del federalismo español pasa por la reforma del federalismo Europeo, señala Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento alemán quien afirma también que esta Europa “postancional” llegará, y lo hará antes antes de 50 años. Pero, como también señala el expresidente de gobierno español Felipe González, si se alimentan estas situaciones es porque hay líderes políticos que no quieren ser “responsables de la parte que les corresponde de la crisis”.

Consumo sostenible, segunda parte

En la línea del anterior post (Tres patas para un banco: desarrollo sostenible, consumo y crisis) merece la pena recordar que, durante los últimos 50 años, las clases altas y medias de la población mundial han duplicado sus niveles de consumo. Y todo ello, evidentemente, con graves consecuencias para los ecosistemas del planeta y sus habitantes. De hecho, en menos de una generación la población mundial ha crecido de 2.000 a 9.000 millones de personas. De éstos, los habitantes de los países ricos utilizan dieciséis toneladas de recursos naturales al año, los ciudadanos de la India, cuatro (per cápita) y está previsto que en 2050, si sigue la proporción, la humanidad consuma 140.000 toneladas anuales de minerales, combustibles fósiles y biomasa, según revela un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Con datos así no es de extrañar que sean una auténtica necesidad el priorizar sólo las necesidades básicas y perseguir una prosperidad que no niegue a los demás, en un futuro, la posibilidad de disfrutar las mismas cosas que nosotros. Como señala el libro “La situación del mundo 2012: Hacia una prosperidad sostenible”, debemos actuar rápidamente para redefinir nuestros hábitos de consumo y no sólo para prevenir una mayor degradación de los esosistemas existentes, sino para intentar recuperar los ya dañados.

¿Cómo conseguirlo? El PNUMA ya propuso congelar el consumo per cápita en los países ricos y fomentar el consumo sostenible en los que están en desarrollo pero la verdad es que, a pesar de las normas, sólo los consumidores (o sea, cada uno de nosotros) tienen o tenemos la capacidad de decidir qué comprar y cómo. Partiendo de esta premisa de compromiso personal, ahí van unas cuantas propuestas que pueden ayudar a que entre particulares, empresas privadas, organismos oficiales y gobiernos, los patrones de producción y consumo varíen su rumbo:

1.-Educar a los jóvenes, tanto en los colegios como en el ámbito familiar, en la importancia de lo esencial. De lo que de verdad necesitan. Veinte regalos por Navidad o su cupleaños no harán que sean niños más felices.

2.-Exigir a las empresas que sean transparentes con el impacto social y medioambiental de sus productos. Y a los gobiernos para que, tanto con leyes como con organismos de supervisión, obliguen a su cumplimiento. Es importante que las etiquetas incluyan esta información para que el cliente tenga conocimiento de dicho impacto antes de decidir comprar.

3.- Estudiar revisiones de tarifas de ciertos bienes como el agua o la electricidad cuyo consumo descuidamos. Aunque podamos pagarlos y tengamos un acceso fácil a ello, no siempre somos conscientes de las consecuencias de un consumo abusivo (emisiones de carbono, déficits tarifarios por parte del Estado -que pagamos todos-,…). Que pague más el que más consuma, y con tarifas más altas de las existentes. Tanto particulares como empresas.

4.-Demandar políticas públicas que persigan la obligación del ciclo de vida de los productos. Gobiernos (nacional y europeo) y empresas comprometidos en la fabricación de productos sin obsolescencia programada. Antes las lavadoras duraban 15 años. ¿Por qué no exigir que ahora también sea así?

5.-Fomentar la cultura del “reutilizar”, “arreglar” y “reciclar” los productos. Lo que se rompe no siempre es inservible. Se puede arreglar, regalar, prestar,…hay mil usos antes de “tirar y comprar de nuevo.”

6.-Demandar un desarrollo urbano sostenible. El tan recurrido “chalé adosado”, importado del modo de vida americano de los años 50 ha supuesto un incremento considerable de coches, de consumo energético (a más metros, más gasto) y de aumento de los índices de contaminación, entre otras cosas. La tendencia en numerosas ciudades del mundo es, desde hace ya unos años, revertir este modelo pero aunque empieza a ser una prioridad en las agendas políticas de varios países, en España no es así.

7.-Adoptar compromisos personales de ahorro de energía (aislamiento de viviendas, instalación de termostatos para controlar el gasto, paneles solares,…). La Unión Europea ha calculado un ahorro de hasta mil euros de media por familia, al año, si se adoptan algunas de estas medidas.

8.-Uso de transportes alternativos. Desmitificar la dependencia del coche. Ya hay 800 millones de vehículos en el mundo que, en el caso de los países en desarrollo, generan el 80% de los contaminantes atmosféricos. El hecho habitual de dos coches por familia da una media de dos personas por coche (casi ninguna familia tiene hoy en día más de dos hijos).  El tranporte público, la bicicleta o ir andando, a veces es posible.

9.-Demandar a los medios de comunicación y las agencias de publicidad más responsabilidad ante la transmisión de ciertos mensajes engañosos  tipo  “el consumo genera prosperidad”. El bienestar, hasta hace poco, ha estado ligado a otros conceptos como disponer de buena  salud o tener unas condiciones  dignas de vida.

El décimo punto queda a la elección del lector. Quizá podría ser “ponerse una fecha de inicio para empezar a actuar”…

Tres patas para un banco: desarrollo sostenible, consumo y crisis

Desarrollo sostenible: crecimiento económico susceptible de satisfacer las necesidades de nuestras sociedades en términos de bienestar a corto, medio y largo plazo, sin comprometer la capacidad de bienestar de las generaciones futuras.

Consumo: acción de coger y efecto de consumir o gastar, bien sean productos y otros géneros de vida efímera, o bienes y servicios, para satisfacer necesidades primarias y secundarias.

Crisis: Crisis económica es la fase más depresiva de la evolución de un proceso económico recesivo. El concepto genérico de crisis afecta a todas las personas ya que el número de desempleados crece por la imposibilidad de abastecer pagos y salarios a los trabajadores.

Imposible que el banco no se caiga al sentarnos si lo apoyamos en estas tres patas. En parte porque los términos son, en principio, incompatibles (sin consumo la dificultad para salir de la crisis será mayor y sin desarrollo sostenible no habrá bienestar para las futuras generaciones) pero además porque es necesario encontrar una cuarta pata que permita que, en época de crisis, se pueda incentivar el consumo sin afectar la sostenibilidad del planeta.

Esta cuestión, cuyo debate tuvo lugar en la pasada Cumbre de Río a la que asistieron gobernantes, asociaciones y algún ebanista, acabó con la conclusión de la inmediata necesidad de modificación radical de nuestros hábitos de consumo. Ni recortes a ultranza en el gasto público, ni créditos millonarios de los bancos centrales. La solución, insisten, es la modificación radical de los hábitos de consumo.

Porque el problema no está en el consumo en sí, ya que, como señala el antropólogo García-Canclini el consumo es «el conjunto de procesos socioculturales en los que se realizan la apropiación y los usos de los productos», algo necesario para la subsistencia del ser humano, sino el consumo masivo al que ha llegado la población y sobre cuyos riesgos alertan los profesores Howar Alper y Mohamed Hassan, presidentes del IAP (Global Network of Science Academies), en el documento presentado en la Cumbre de Rio.

En esta declaración se señala que por las carreteras de EEUU ya circulan tres vehículos de motor por cada cuatro habitantes y el consumo de alimentos del planeta ha aumentado un 15% -mientras mil millones de personas siguen mal alimentadas-. En España, los aeropuertos y las líneas de AVE se multiplican mientras una gran parte de la población, en paro, no puede pagar ni el uso de dichas infraestructuras, ni los intereses que su construcción ha generado al Estado.

Habrá pues que colocar esa cuarta pata, seguir los consejos de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y practicar un consumo sostenible, aquel que no daña al medioambiente ni a la sociedad, que no compromete los modos de vida de generaciones futuras, que nos llevará poco a poco a erradicar la pobreza, y a conservar y proteger el conjunto de recursos humanos del que dependen todas las formas de vida. Promovamos una ciudadanía responsable y una lucha contra los estilos de consumo perniciosos. Como concluye el documento del IAP, “no es necesario vivir así”, pero sobre todo, como sentencia el catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, Francisco García Novo, ”es necesario no vivir así”.

 

*Agradecimientos especiales a Francisco Barón cuya crónica “Los sabios piden frenar el crecimiento de la población y el consumo voraz”, publicado en El País el 14.06.2012, me ha aportado no sólo numerosos datos, sino una firme convicción en lo escrito.