¿Habrá chavismo sin Chávez?

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“El 5 de marzo, en horas de la tarde, falleció el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia. Una llamada por vía satelital comunicó la amarga noticia. El significado de la frase empleada era inconfundible. Aunque conocíamos el estado crítico de su salud, la noticia nos golpeó con fuerza. Recordaba las veces que bromeó conmigo diciendo que cuando ambos concluyéramos nuestra tarea revolucionaria, me invitaría a pasear por el río Arauca en territorio venezolano, que le hacía recordar el descanso que nunca tuvo. Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo…”.

Con estas palabras despedía Fidel Castro a Hugo Chávez, el pasado 11 de marzo, a través de un sentido artículo en el periódico cubano Granma . Toda una confesión, en primera persona, acerca de lo que el comandante venezolano había supuesto tanto para Cuba como para él mismo. Y es que Venezuela, además de ser un aliado ideológico de la revolución cubana, ha sido el gran benefactor de la isla caribeña en los últimos años. Hasta el punto de que haber enviado unos 5.000 millones de dólares al año en petróleo, casi gratis, permitiendo que Cuba subsistiera energéticamente.

Las incógnitas acerca del futuro de Venezuela y de los países que se han beneficiado del subsidio chavista (Cuba, Nicaragua, Bolivia, El Salvador,…) son muchas. Estos países, junto con Irán, China, Argentina, Ecuador y Brasil forman el eje principal de las potencias extranjeras defensoras del régimen venezolano y, aunque a priori dicho apoyo puede parecer suficiente para garantizar un proceso tranquilo de sucesión política, no estaría de más recordar que la sombra de los intereses de la geoestrategia internacional es alargada. Es de suponer que tanto a nivel interno –oposición política y mediática- como externo –USA y países acólitos- se intentará acabar con los 14 años de gobierno chavista, pero el tirón popular de Nicolás Maduro, designado por Chávez como su sucesor y aupado por las enfervorizadas exequias del mandatario fallecido, puede ser suficiente para continuar con la “hoja de ruta de Chávez” y la coalición de gobiernos de izquierdas en el continente latinoamericano.

Sin embargo, el contexto no es el mismo que cuando el mandatario venezolano subió al poder. Mientras las economías de casi todos los países del continente americano están creciendo, la de Venezuela está peor que hace quince años y, aunque los programas distributivos de Chávez ayudaron a reducir la pobreza del país durante unos años, la situación actual es de un alto déficit fiscal, deuda e inflación. Malos compañeros para un país que lo que necesita, tras la muerte de Chávez, es un gobierno estable.

La Primavera (Árabe) más fría

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Un 25 de febrero como hoy, de 2011, cien mil personas salieron a la calle en la ciudad de Túnez en protesta por la actitud del gobierno enfrentándose a la policía. Comenzó así la primera de una serie de revueltas sociales, en diferentes países del Norte de África y Oriente Medio, que darían lugar a la llamada Primavera Árabe. Tras Túnez, vinieron alzamientos populares en Argelia, Líbano, Jordania, Mauritania, Sudán, Omán, Arabia Saudí, Egipto, Siria, Yemen, Yibuti, Irak, Somalia, Libia, Kuwait e incluso Marruecos. Algunos de estos movimientos fueron menores (protestas, manifestaciones, ataques a oficinas gubernamentales, etc.) pero otros han provocado, incluso, derrocamientos de regímenes dictatoriales que detentanban el poder desde hacía décadas.

Las demandas de los manifestantes se centraban en la petición de mejoras en las condiciones de vida, libertades democráticas y cambios politicos, económicos y sociales. Pero en este caso, a diferencia de los anteriores, las revueltas no estuvieron protagonizadas por golpes de estado militares que luego dieron paso a gobiernos autoritarios, como había sido habitual, sino por una movilización social que demandaba una transición democrática para conseguir sus propósitos. Por ello, estas revueltas han sido elevadas a la categoría de revoluciones y serán reconocidas como la primera gran oleada de protestas laicas y democráticas en el mundo árabe del siglo XXI.

Sin embargo, tras dos años de movilización social, la situación de esperanza y admiración que despertó este movimiento ha dado paso a una tremenda inestabilidad política, social y económica en la mayoría de estos países. La tensión política se ha disparado en los últimos meses y la paz social se ha roto sobre todo en Túnez, Egipto y Siria. Los políticos no se ponen de acuerdo a la hora de ofrecer constituciones que representen a la mayoría de la sociedad; los radicales islamistas, que actúan desde el poder o con la connivencia del mismo, aplican políticas que discriminan a la mujer y a una parte importante de los que no piensan como ellos (artistas, profesores,…); y el ejército cuenta con demasiado poder todavía como para que el cambio sea real. Todo esto, a su vez, ha provocado que el capital extranjero salga huyendo, que el turismo se esté viendo afectado y que el PIB de los países afectados disminuya. Y si la economía no funciona, las mejoras se retrasan y el estallido social acaba siendo inevitable.

Con esta situación las cuestión es: ¿será capaz la sociedad civil árabe islámica de encontrar el camino para sentar las bases de una democracia moderna? De momento, las tensiones, los enfrentamientos y los radicalismos eclipsan el sol de esta primavera que está en transición. Las demandas de la sociedad, reflejadas en el lema de los opositores al presidente egipcio, Mohamed Mursi, claman por “pan, libertad, justicia social y dignidad humana”, pero también Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores de Israel ha destacado que “la Primavera Árabe es una lucha por la dignidad”. No desestimemos este elemento de las reivindicaciones, que fue el motor de revoluciones anteriores (1830, 1848 y las de Europa del Este, a partir de la caída del muro de Berlín en 1989), no precisamente fallidas.

¿Debe Europa entrar en guerra por Malí?

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Malí carece de petróleo, tiene unas condiciones de vida extremas y es uno de los países más pobres de la tierra. ¿Por qué entonces un país europeo como Francia se arriesga a intervenir en ese territorio con un conflicto militar, pidiendo la implicación del resto de las potencias occidentales y en plena crisis económica?

Pues porque las razones son poderosas y hasta comprensibles. Estas se centran básicamente en combatir el narcotráfico, que desde mediados de los 90 se ha establecido en el África Occidental para facilitar el traslado de droga desde Latinoamérica a Europa; parar el integrismo islamista, que a través del AQMI –Al Qaeda en el Magreb Islámico– se ha afincado en el Sahel con el fin de desestabilizar la zona; y acabar con los secuestros de extranjeros, que gracias al cobro de grandes rescates se han convertido en la principal fuente de recursos de la población nómada tuareg.

Pero todas estas razones se resumen en una sola: la amenaza directa que todo ello supone para Occidente. Las mafias –tanto de contrabando de personas, drogas y armas, como las que apoyan el integrismo- se han instalado en un desierto de cuatro millones de kilometros cuadrados (el Sahel), del que forma parte Malí, y contra las que el ejército francés, solo, no puede.

Francia se ha embarcado en una intervención complicada y, a priori, larga. Es cierto que, como potencial excolonial, defiende allí sus propios intereses y los de 6.000 franceses que viven en la zona pero la amenza afecta a todos los occidentales y, especialmente a los europeos, que por cercanía geográfica y otras razones de peso (el AQMI ha señalado la recuperación de Al Andalus como uno de sus principales propósitos) se han convertido en objetivos directos de dichas amenazas.

François Hollande, el Presidente de la República francesa, decidió intervenir tras la petición del gobierno de Malí, y siempre tras mantener largas negociaciones y esperar una resolución de la ONU que autoriza también a las fuerzas de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) a proteger la integridad territorial del país. Pero si Francia se ve sola en un conflicto de este tipo, puede que otros países europeos acaben siendo víctimas del mismo. Algunas voces destacan la necesidad de que sean los propios africanos quienes solucionen el problema centrándose en la reconstrucción democrática del estado maliense, la ayuda humanitaria y la implicación de la comunidad internacional en dicha ayuda, pero esperar que terceros afronten un conflicto de este tipo, puede tener consecuencias imprevisibles.

Aprendiendo de Senegal….

Foto Senegal def.

Tranquilidad social, mejora de la calidad de vida, sobriedad económica en los actuales políticos, investigación judicial de antiguos ministros por enriquecimiento ilícito,…La carta a los Reyes Magos que cualquiera de los ciudadanos del planeta podría haber escrito parece haber sido leída. Y los regalos, increíblemente, han llegado a un lugar de la Tierra donde las plegarias no suelen ser escuchadas. Senegal, en medio del África Occidental, ha sido agraciada con un periodo de sosiego y placidez tras la victoria de Macky Sall, el pasado 25 de marzo.

El nuevo presidente, tras ganar unas elecciones tremendamente crispadas que dejaron seis muertos, empezó por ser el primero en hacer una declaración pública de sus bienes, a pesar de que esta es una obligación legal para todos los presidentes electos, según la constitución senegalesa. Sall, en una ceremonia de investidura sobria, opuesta a las formas del anterior mandatario Abdoulaye Wade, continuó con el anuncio de un plan de ahorro de 100 millones de euros, la eliminación de casi veinte ministerios (de más de 40 ha pasado a tener 25) y una especial vigilancia de los casos de corrupción.

De hecho, algunos ministros de Wade (Oumar Sarr, Abdoulaye Baldé, Madické Niang y Samuel Sarr), altos cargos (Tahibou Ndiaye y Doudou Diagne) y su propio hijo Karim, ex ministro de Cooperación internacional, de Transportes Aéreos, de Infraestructuras y de Energía (y conocido popularmente por el sobrenombre de Superministro del Cielo y de la Tierra), han visto cómo sus pasaportes diplomáticos eran retenidos para evitar que salgan del país hasta que finalice la investigación judicial por enriquecimiento ilícito que se ha iniciado.

Las nuevas medidas han aportado cierta esperanza y un periodo de estabilidad a una sociedad que empieza a disfrutar de una mejora de sus condiciones de vida, como la disminución de los cortes de luz y del desabastecimiento de carburante, que desde hace años impedían el transcurso normal del día a día.

Si bien las mejoras necesarias son muchas para poder hablar de Senegal como un país mínimamente próspero, forman parte de un comienzo que ya quisieran varios países del llamado Primer Mundo, en los que el pesimismo de los ciudadanos, la incapacidad de los políticos y la dictadura de los mercados aniquilan las posibilidades de salir de la crisis. Por una vez, no estaría de más mirar hacia el Sur, con otros ojos, para plantearnos qué nos está pasando.

Un post suicida…Si hablamos de Haití en plena campaña electoral USA

Hay tres razones que garantizan que un post no será leído:

1.-El contenido en sí mismo no interesa.

2.-La noticia carece de actualidad.

3.-Ya se ha hablado demasiado sobre el mismo tema.

Pues bien, desafiando la estadística, hablaremos de Haití y además siguiendo al pie de la letra estas tres premisas.

1.-Haití no interesa. ¿Cómo va a resultar atractivo hablar del país más pobre de todo América? Un país que, por si tuviera poco con su posición en el ranking de los más vulnerables, fue asolado en 2010  por un devastador terremoto que provocó que, a día de hoy, todavía haya 370.000 personas viviendo en campamentos. Y que además, recientemente, ha sido víctima del huracán Sandy. Ah! ¿Qué ustedes pensaban que Sandy sólo había afectado a la costa Este de los Estados Unidos? Pues no. Casi 60 muertos, diez desaparecidos y miles de afectados son la prueba de que este huracán también pasó por Haití.

2.-Haití no está de actualidad. Claro. ¿Cómo va a estarlo habiendo elecciones el 6 de noviembre de 2012 en USA? La sombra del gigante norteamericano es alargada. Tanto como para eclipsar con su campaña electoral lo que ocurre a pocos kilómetros de distancia de su propia Costa Este. Ohio, Romney, Obama,…Estos términos generan un ciclón informativo tan potente que se mantendrán en el epicentro informativo durante días. A pesar de lo que ocurra alrededor. La actualidad tiene claras sus prioridades y estas se centran en lo que ocurra a corto y medio plazo en Estados Unidos y su ámbito de influencia económica y geoestratégica.

3.-Haití cansa. ¿Cuándo va a dejar de pedir dinero? Ahora resulta que, según el primer ministro haitiano Laurent Lamothe, necesitan aumentar de 5 a 6 millones de dólares la cantidad necesaria para atender a los afectados, que ya no se sabe si lo son por el terremoto de 2010, el huracán de la semana pasada o la epidemia de cólera que comenzó en octubre de 2011 y que ya ha matado a 7.000 personas. Y eso sin mencionar otros problemas de calado como la inestabilidad política en la que vive el país (el presidente Martelly, que acaba de cumplir un año en el cargo, sólo ha podido trabajar con un gobierno legítimo durante cuatro meses), las presiones de cientos de exsoldados armados para que se restablezca el Ejército en el país, el aumento de las canalizaciones de droga desde Colombia, el incremento de la violencia debido a todo ello, la pobreza que no cesa….

Pues la verdad es que los agoreros tienen razón. Dejen de leer si no lo han hecho ya. A estas Alturas, sólo Forges se acuerda de que Haití también existe.

Acuerdo histórico para la paz de un conflicto olvidado

Tras cuarenta años de lucha armada y 150.000 muertos (alrededor del 20% de ellos civiles), el gobierno y el mayor grupo rebelde musulmán filipinos acaban de firmar un acuerdo de paz. Y el hecho de que ello haya pasado prácticamente desapercibido en los medios de comunicación (la noticia no ha durado más de un día en los medios) y en la opinión pública, dice mucho de por qué situaciones como ésta forman parte de los llamados “conflictos olvidados”. Por eso este post, Desde la gavia, reivindica que el hecho de poder celebrar algo como este acuerdo de paz, no merece ser desdeñado.

Es cierto que esta firma sólo supondrá el inicio de un proceso pero es la primera vez, desde que en 1970 comenzara el conflicto armado, que un líder del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) entra en el palacio presidencial de Manila y, sobre todo, que con la ratificación del acuerdo de paz acepta renunciar a la creación de un estado de mayoría islámica en Mindanao, al sur del país. A cambio, se convertirán en una región autónoma con una importante cuota de poder, la capacidad de administrar sus ingresos fiscales y gestionar parte de la riqueza de la región.

Y es que Mindanao, o Bangsamoro, como los musulmanes filipinos llaman a su territorio original desde antes de la llegada de los católicos españoles, en el siglo XVI, es un territorio rico en recursos naturales (gas, petróleo, oro y cobre). De hecho, los expertos estiman la riqueza mineral de la zona en más de 300.000 millones de dólares.

Por mi parte, y a pesar del largo camino que queda por recorrer, me uno a las declaraciones del presidente de Filipinas, Benigno Aquino, que ha asegurado que el acuerdo es una “oportunidad para lograr por fin una paz genuina y duradera” , y ello es más de lo que se podía pensar tras la entrevista que mantuve con la cúpula del FMLI, en 2001 (se adjunta foto), cuando los secuestros y las acciones criminales al sur del país eran frecuentes. Quizá por ello los expertos son optimistas, con razón, al considerar que Aquino, que ha promovido dicho proceso de negociación desde que llegó a la jefatura del Estado en 2010, será capaz de sacar adelante este acuerdo de paz con éxito antes de acabar su mandato, en 2016

Europa federal antes de…¿Cincuenta años?

“Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en contacto, de discutir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de solidaridad, que les permita, en los momentos que estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias graves, si es que estas surgen. (…) Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio económico: esa es la cuestión que más presiona…”

Aristide Briand, primer ministro francés, daba este discurso en septiembre de 1929 ante la Sociedad de Naciones abogando ya por un  movimiento federalista europeo que implicara a los políticos en el proyecto. Hasta ese momento, una iniciativa que sólo era respaldada por el mundo de la cultura, empezaba a tomar forma entre personalidades de los gobiernos alemán y francés, así como entre economistas ingleses como Keynes.

El germen de los Estados Unidos de Europa estaba sembrado y, aunque la llegada de la crisis del 29 y la consiguiente Gran Depresión aparcaron el sueño federalista, el periodo de Entreguerras acerca el debate a las élites y, a lo largo del tiempo, al pueblo.

De hecho, El Tratado de París (1951) y la firma de otros tratados como el de Roma, Acta Única Europea, Maastrich o Lisboa, han contribuido a la creación de lo que en la actualidad es la Unión Europea, con su moneda y mercado único y la libre circulación de personas y mercancías, todos ellos pasos necesarios para la consolidación del proyecto federalista.

La hoja de ruta comenzada en 1929 ha continuado recientemente con la propuesta del presidente de la Comisión Europea, Manuel Durao Barroso, de convertir la UE en una federación de estados nación para competir en un mundo globalizado con potencias como Brasil, China o Estados Unidos. Para ello demanda una mayor cesión de soberanía que permita coordinar mejor las políticas económicas.

Barroso también señaló que la siguiente parada de dicha hoja de ruta, ya presentada, sería la unión bancaria, con el Banco Central Europeo (BCE) como supervisor único. Se continuará con una mayor supervisión de los presupuestos nacionales y un avance en la emisión de eurobonos. Y antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2014, se presentarán iniciativas para la futura unión federal de estados nación, que necesitará un cambio de tratados y una cumbre europea para su aprobación.

¿El objetivo? Crear un supergobierno de la UE, con una Europa de corte más federal, con un presupuesto y una política económica común, mecanismos de solidaridad, union bancaria y, sobre todo y más difícil todavía, una política exterior común.

¿Los plazos? Ahí empieza el problema porque una federación necesita tiempo. El ejemplo de Suiza así lo demuestra, habiendo tenido sus cantones que vivir primero un proceso de confederación, antes de dar el paso a la federación de pleno derecho en 1948. Aún así hubo tensiones entre los liberales y conservadores, y los protestantes y católicos. Si a esto le sumamos que el tamaño de suiza no es comparable al de la UE, con cientos de millones de habitantes, se puede intuir que el camino no sera fácil.

Cabe en este momento preguntarse por los plazos que se habrá propuesto Artur Mas, presidente del ejecutivo catalán, en su apuesta independentista para Cataluña. Porque si las reivindicaciones nacionales catalanas, como explica el exconsejero de Economía Antoni Castells (PSC), sólo pueden tener cabida en una Europa Federal, y esta se plantea a medio plazo, ¿qué sentido tiene la convocatoria de un referendum para el próximo mes de noviembre?

La reforma del federalismo español pasa por la reforma del federalismo Europeo, señala Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento alemán quien afirma también que esta Europa “postancional” llegará, y lo hará antes antes de 50 años. Pero, como también señala el expresidente de gobierno español Felipe González, si se alimentan estas situaciones es porque hay líderes políticos que no quieren ser “responsables de la parte que les corresponde de la crisis”.