Un post suicida…Si hablamos de Haití en plena campaña electoral USA

Hay tres razones que garantizan que un post no será leído:

1.-El contenido en sí mismo no interesa.

2.-La noticia carece de actualidad.

3.-Ya se ha hablado demasiado sobre el mismo tema.

Pues bien, desafiando la estadística, hablaremos de Haití y además siguiendo al pie de la letra estas tres premisas.

1.-Haití no interesa. ¿Cómo va a resultar atractivo hablar del país más pobre de todo América? Un país que, por si tuviera poco con su posición en el ranking de los más vulnerables, fue asolado en 2010  por un devastador terremoto que provocó que, a día de hoy, todavía haya 370.000 personas viviendo en campamentos. Y que además, recientemente, ha sido víctima del huracán Sandy. Ah! ¿Qué ustedes pensaban que Sandy sólo había afectado a la costa Este de los Estados Unidos? Pues no. Casi 60 muertos, diez desaparecidos y miles de afectados son la prueba de que este huracán también pasó por Haití.

2.-Haití no está de actualidad. Claro. ¿Cómo va a estarlo habiendo elecciones el 6 de noviembre de 2012 en USA? La sombra del gigante norteamericano es alargada. Tanto como para eclipsar con su campaña electoral lo que ocurre a pocos kilómetros de distancia de su propia Costa Este. Ohio, Romney, Obama,…Estos términos generan un ciclón informativo tan potente que se mantendrán en el epicentro informativo durante días. A pesar de lo que ocurra alrededor. La actualidad tiene claras sus prioridades y estas se centran en lo que ocurra a corto y medio plazo en Estados Unidos y su ámbito de influencia económica y geoestratégica.

3.-Haití cansa. ¿Cuándo va a dejar de pedir dinero? Ahora resulta que, según el primer ministro haitiano Laurent Lamothe, necesitan aumentar de 5 a 6 millones de dólares la cantidad necesaria para atender a los afectados, que ya no se sabe si lo son por el terremoto de 2010, el huracán de la semana pasada o la epidemia de cólera que comenzó en octubre de 2011 y que ya ha matado a 7.000 personas. Y eso sin mencionar otros problemas de calado como la inestabilidad política en la que vive el país (el presidente Martelly, que acaba de cumplir un año en el cargo, sólo ha podido trabajar con un gobierno legítimo durante cuatro meses), las presiones de cientos de exsoldados armados para que se restablezca el Ejército en el país, el aumento de las canalizaciones de droga desde Colombia, el incremento de la violencia debido a todo ello, la pobreza que no cesa….

Pues la verdad es que los agoreros tienen razón. Dejen de leer si no lo han hecho ya. A estas Alturas, sólo Forges se acuerda de que Haití también existe.

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Acuerdo histórico para la paz de un conflicto olvidado

Tras cuarenta años de lucha armada y 150.000 muertos (alrededor del 20% de ellos civiles), el gobierno y el mayor grupo rebelde musulmán filipinos acaban de firmar un acuerdo de paz. Y el hecho de que ello haya pasado prácticamente desapercibido en los medios de comunicación (la noticia no ha durado más de un día en los medios) y en la opinión pública, dice mucho de por qué situaciones como ésta forman parte de los llamados “conflictos olvidados”. Por eso este post, Desde la gavia, reivindica que el hecho de poder celebrar algo como este acuerdo de paz, no merece ser desdeñado.

Es cierto que esta firma sólo supondrá el inicio de un proceso pero es la primera vez, desde que en 1970 comenzara el conflicto armado, que un líder del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) entra en el palacio presidencial de Manila y, sobre todo, que con la ratificación del acuerdo de paz acepta renunciar a la creación de un estado de mayoría islámica en Mindanao, al sur del país. A cambio, se convertirán en una región autónoma con una importante cuota de poder, la capacidad de administrar sus ingresos fiscales y gestionar parte de la riqueza de la región.

Y es que Mindanao, o Bangsamoro, como los musulmanes filipinos llaman a su territorio original desde antes de la llegada de los católicos españoles, en el siglo XVI, es un territorio rico en recursos naturales (gas, petróleo, oro y cobre). De hecho, los expertos estiman la riqueza mineral de la zona en más de 300.000 millones de dólares.

Por mi parte, y a pesar del largo camino que queda por recorrer, me uno a las declaraciones del presidente de Filipinas, Benigno Aquino, que ha asegurado que el acuerdo es una “oportunidad para lograr por fin una paz genuina y duradera” , y ello es más de lo que se podía pensar tras la entrevista que mantuve con la cúpula del FMLI, en 2001 (se adjunta foto), cuando los secuestros y las acciones criminales al sur del país eran frecuentes. Quizá por ello los expertos son optimistas, con razón, al considerar que Aquino, que ha promovido dicho proceso de negociación desde que llegó a la jefatura del Estado en 2010, será capaz de sacar adelante este acuerdo de paz con éxito antes de acabar su mandato, en 2016

Europa federal antes de…¿Cincuenta años?

“Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en contacto, de discutir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de solidaridad, que les permita, en los momentos que estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias graves, si es que estas surgen. (…) Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio económico: esa es la cuestión que más presiona…”

Aristide Briand, primer ministro francés, daba este discurso en septiembre de 1929 ante la Sociedad de Naciones abogando ya por un  movimiento federalista europeo que implicara a los políticos en el proyecto. Hasta ese momento, una iniciativa que sólo era respaldada por el mundo de la cultura, empezaba a tomar forma entre personalidades de los gobiernos alemán y francés, así como entre economistas ingleses como Keynes.

El germen de los Estados Unidos de Europa estaba sembrado y, aunque la llegada de la crisis del 29 y la consiguiente Gran Depresión aparcaron el sueño federalista, el periodo de Entreguerras acerca el debate a las élites y, a lo largo del tiempo, al pueblo.

De hecho, El Tratado de París (1951) y la firma de otros tratados como el de Roma, Acta Única Europea, Maastrich o Lisboa, han contribuido a la creación de lo que en la actualidad es la Unión Europea, con su moneda y mercado único y la libre circulación de personas y mercancías, todos ellos pasos necesarios para la consolidación del proyecto federalista.

La hoja de ruta comenzada en 1929 ha continuado recientemente con la propuesta del presidente de la Comisión Europea, Manuel Durao Barroso, de convertir la UE en una federación de estados nación para competir en un mundo globalizado con potencias como Brasil, China o Estados Unidos. Para ello demanda una mayor cesión de soberanía que permita coordinar mejor las políticas económicas.

Barroso también señaló que la siguiente parada de dicha hoja de ruta, ya presentada, sería la unión bancaria, con el Banco Central Europeo (BCE) como supervisor único. Se continuará con una mayor supervisión de los presupuestos nacionales y un avance en la emisión de eurobonos. Y antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2014, se presentarán iniciativas para la futura unión federal de estados nación, que necesitará un cambio de tratados y una cumbre europea para su aprobación.

¿El objetivo? Crear un supergobierno de la UE, con una Europa de corte más federal, con un presupuesto y una política económica común, mecanismos de solidaridad, union bancaria y, sobre todo y más difícil todavía, una política exterior común.

¿Los plazos? Ahí empieza el problema porque una federación necesita tiempo. El ejemplo de Suiza así lo demuestra, habiendo tenido sus cantones que vivir primero un proceso de confederación, antes de dar el paso a la federación de pleno derecho en 1948. Aún así hubo tensiones entre los liberales y conservadores, y los protestantes y católicos. Si a esto le sumamos que el tamaño de suiza no es comparable al de la UE, con cientos de millones de habitantes, se puede intuir que el camino no sera fácil.

Cabe en este momento preguntarse por los plazos que se habrá propuesto Artur Mas, presidente del ejecutivo catalán, en su apuesta independentista para Cataluña. Porque si las reivindicaciones nacionales catalanas, como explica el exconsejero de Economía Antoni Castells (PSC), sólo pueden tener cabida en una Europa Federal, y esta se plantea a medio plazo, ¿qué sentido tiene la convocatoria de un referendum para el próximo mes de noviembre?

La reforma del federalismo español pasa por la reforma del federalismo Europeo, señala Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento alemán quien afirma también que esta Europa “postancional” llegará, y lo hará antes antes de 50 años. Pero, como también señala el expresidente de gobierno español Felipe González, si se alimentan estas situaciones es porque hay líderes políticos que no quieren ser “responsables de la parte que les corresponde de la crisis”.

Consumo sostenible, segunda parte

En la línea del anterior post (Tres patas para un banco: desarrollo sostenible, consumo y crisis) merece la pena recordar que, durante los últimos 50 años, las clases altas y medias de la población mundial han duplicado sus niveles de consumo. Y todo ello, evidentemente, con graves consecuencias para los ecosistemas del planeta y sus habitantes. De hecho, en menos de una generación la población mundial ha crecido de 2.000 a 9.000 millones de personas. De éstos, los habitantes de los países ricos utilizan dieciséis toneladas de recursos naturales al año, los ciudadanos de la India, cuatro (per cápita) y está previsto que en 2050, si sigue la proporción, la humanidad consuma 140.000 toneladas anuales de minerales, combustibles fósiles y biomasa, según revela un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Con datos así no es de extrañar que sean una auténtica necesidad el priorizar sólo las necesidades básicas y perseguir una prosperidad que no niegue a los demás, en un futuro, la posibilidad de disfrutar las mismas cosas que nosotros. Como señala el libro “La situación del mundo 2012: Hacia una prosperidad sostenible”, debemos actuar rápidamente para redefinir nuestros hábitos de consumo y no sólo para prevenir una mayor degradación de los esosistemas existentes, sino para intentar recuperar los ya dañados.

¿Cómo conseguirlo? El PNUMA ya propuso congelar el consumo per cápita en los países ricos y fomentar el consumo sostenible en los que están en desarrollo pero la verdad es que, a pesar de las normas, sólo los consumidores (o sea, cada uno de nosotros) tienen o tenemos la capacidad de decidir qué comprar y cómo. Partiendo de esta premisa de compromiso personal, ahí van unas cuantas propuestas que pueden ayudar a que entre particulares, empresas privadas, organismos oficiales y gobiernos, los patrones de producción y consumo varíen su rumbo:

1.-Educar a los jóvenes, tanto en los colegios como en el ámbito familiar, en la importancia de lo esencial. De lo que de verdad necesitan. Veinte regalos por Navidad o su cupleaños no harán que sean niños más felices.

2.-Exigir a las empresas que sean transparentes con el impacto social y medioambiental de sus productos. Y a los gobiernos para que, tanto con leyes como con organismos de supervisión, obliguen a su cumplimiento. Es importante que las etiquetas incluyan esta información para que el cliente tenga conocimiento de dicho impacto antes de decidir comprar.

3.- Estudiar revisiones de tarifas de ciertos bienes como el agua o la electricidad cuyo consumo descuidamos. Aunque podamos pagarlos y tengamos un acceso fácil a ello, no siempre somos conscientes de las consecuencias de un consumo abusivo (emisiones de carbono, déficits tarifarios por parte del Estado -que pagamos todos-,…). Que pague más el que más consuma, y con tarifas más altas de las existentes. Tanto particulares como empresas.

4.-Demandar políticas públicas que persigan la obligación del ciclo de vida de los productos. Gobiernos (nacional y europeo) y empresas comprometidos en la fabricación de productos sin obsolescencia programada. Antes las lavadoras duraban 15 años. ¿Por qué no exigir que ahora también sea así?

5.-Fomentar la cultura del “reutilizar”, “arreglar” y “reciclar” los productos. Lo que se rompe no siempre es inservible. Se puede arreglar, regalar, prestar,…hay mil usos antes de “tirar y comprar de nuevo.”

6.-Demandar un desarrollo urbano sostenible. El tan recurrido “chalé adosado”, importado del modo de vida americano de los años 50 ha supuesto un incremento considerable de coches, de consumo energético (a más metros, más gasto) y de aumento de los índices de contaminación, entre otras cosas. La tendencia en numerosas ciudades del mundo es, desde hace ya unos años, revertir este modelo pero aunque empieza a ser una prioridad en las agendas políticas de varios países, en España no es así.

7.-Adoptar compromisos personales de ahorro de energía (aislamiento de viviendas, instalación de termostatos para controlar el gasto, paneles solares,…). La Unión Europea ha calculado un ahorro de hasta mil euros de media por familia, al año, si se adoptan algunas de estas medidas.

8.-Uso de transportes alternativos. Desmitificar la dependencia del coche. Ya hay 800 millones de vehículos en el mundo que, en el caso de los países en desarrollo, generan el 80% de los contaminantes atmosféricos. El hecho habitual de dos coches por familia da una media de dos personas por coche (casi ninguna familia tiene hoy en día más de dos hijos).  El tranporte público, la bicicleta o ir andando, a veces es posible.

9.-Demandar a los medios de comunicación y las agencias de publicidad más responsabilidad ante la transmisión de ciertos mensajes engañosos  tipo  “el consumo genera prosperidad”. El bienestar, hasta hace poco, ha estado ligado a otros conceptos como disponer de buena  salud o tener unas condiciones  dignas de vida.

El décimo punto queda a la elección del lector. Quizá podría ser “ponerse una fecha de inicio para empezar a actuar”…

Tres patas para un banco: desarrollo sostenible, consumo y crisis

Desarrollo sostenible: crecimiento económico susceptible de satisfacer las necesidades de nuestras sociedades en términos de bienestar a corto, medio y largo plazo, sin comprometer la capacidad de bienestar de las generaciones futuras.

Consumo: acción de coger y efecto de consumir o gastar, bien sean productos y otros géneros de vida efímera, o bienes y servicios, para satisfacer necesidades primarias y secundarias.

Crisis: Crisis económica es la fase más depresiva de la evolución de un proceso económico recesivo. El concepto genérico de crisis afecta a todas las personas ya que el número de desempleados crece por la imposibilidad de abastecer pagos y salarios a los trabajadores.

Imposible que el banco no se caiga al sentarnos si lo apoyamos en estas tres patas. En parte porque los términos son, en principio, incompatibles (sin consumo la dificultad para salir de la crisis será mayor y sin desarrollo sostenible no habrá bienestar para las futuras generaciones) pero además porque es necesario encontrar una cuarta pata que permita que, en época de crisis, se pueda incentivar el consumo sin afectar la sostenibilidad del planeta.

Esta cuestión, cuyo debate tuvo lugar en la pasada Cumbre de Río a la que asistieron gobernantes, asociaciones y algún ebanista, acabó con la conclusión de la inmediata necesidad de modificación radical de nuestros hábitos de consumo. Ni recortes a ultranza en el gasto público, ni créditos millonarios de los bancos centrales. La solución, insisten, es la modificación radical de los hábitos de consumo.

Porque el problema no está en el consumo en sí, ya que, como señala el antropólogo García-Canclini el consumo es «el conjunto de procesos socioculturales en los que se realizan la apropiación y los usos de los productos», algo necesario para la subsistencia del ser humano, sino el consumo masivo al que ha llegado la población y sobre cuyos riesgos alertan los profesores Howar Alper y Mohamed Hassan, presidentes del IAP (Global Network of Science Academies), en el documento presentado en la Cumbre de Rio.

En esta declaración se señala que por las carreteras de EEUU ya circulan tres vehículos de motor por cada cuatro habitantes y el consumo de alimentos del planeta ha aumentado un 15% -mientras mil millones de personas siguen mal alimentadas-. En España, los aeropuertos y las líneas de AVE se multiplican mientras una gran parte de la población, en paro, no puede pagar ni el uso de dichas infraestructuras, ni los intereses que su construcción ha generado al Estado.

Habrá pues que colocar esa cuarta pata, seguir los consejos de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y practicar un consumo sostenible, aquel que no daña al medioambiente ni a la sociedad, que no compromete los modos de vida de generaciones futuras, que nos llevará poco a poco a erradicar la pobreza, y a conservar y proteger el conjunto de recursos humanos del que dependen todas las formas de vida. Promovamos una ciudadanía responsable y una lucha contra los estilos de consumo perniciosos. Como concluye el documento del IAP, “no es necesario vivir así”, pero sobre todo, como sentencia el catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, Francisco García Novo, ”es necesario no vivir así”.

 

*Agradecimientos especiales a Francisco Barón cuya crónica “Los sabios piden frenar el crecimiento de la población y el consumo voraz”, publicado en El País el 14.06.2012, me ha aportado no sólo numerosos datos, sino una firme convicción en lo escrito.

Sarkozy, Europa y la ultraderecha

¿Qué tienen en común el Partido por la Libertad de los Países Bajos, el partido JOBBIK de Hungría, el Frente Nacional francés, los Verdaderos Finlandeses en Finlandia o Amanecer Dorado en Grecia? Pues que son partidos politicos de extrema derecha. Y muy nacionalistas, xenófobos, racistas y antieuropeos. Pero además, todos ellos están en auge en sus respectivos países hasta el punto de que, en algunos casos, han conseguido la mayor representación parlamentaria de su historia –como la formación francesa-, o han forzado la caída de su gobierno –en Holanda-.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Pues algunas causas podrían ser el descontento generado por la crisis económica, la decepción por la falta de reacción de los politicos europeos e incluso la humillación sufrida por algunos de los países intervenidos. Pero también ha contribuido el rédito politico que algunos líderes, como Sarkozy, han querido sacar a la situación, con sus críticas al funcionamiento de Schengen, a la política comercial de la UE y al estatuto del Banco Central Europeo.

Todo ello, sin mencionar la ruptura del pacto republicano contra el Frente Nacional, por parte del partido conservador del propio Sarkozy, en perjuicio de los socialistas, y que propició la libertad de voto para apoyar a la ultraderecha en las últimas elecciones francesas.

El resultado ha sido un fenómeno que desde hace tiempo se extiende también por otros países europeos como Austria –con la Alianza por el Futuro de Austria-, Suecia –Demócratas de Suecia-, Suiza –Partido Popular suizo-, Noruega –Partido del Progreso-, Bélgica –Vlaams Belang- y Dinamarca –Partido Popular Danés-, entre otros.

El marcado carácter antieuropeísta de estas formaciones ha despertado preocupación al respecto ya que todas ellas son “fundamentalmente contrarias a los ideales de la construcción europea”, según señaló Olivier Bailly, uno de los portavoces del ejecutivo comunitario y muestran un “sentimiento contrario a las sociedades abiertas” añadió el Ministro Sueco de Asuntos Exteriores, Carl Bildt.

El bloqueo de las fronteras frente a la inmigración, el rechazo al euro y una defensa férrea de los nacionalismos son reivindicaciones comunes de estos partidos. Algo que no se esconde pero sí se maquilla en  frases como las que Marine Le Pen expresó tras conocer que había sido la tercera fuerza política más votada en la primera vuelta de las últimas elecciones francesas: “Este es el comienzo de una agrupación de patriotas y de defensores de su identidad”-. Y es que, aunque tras la segunda vuelta de las elecciones el Frente Nacional obtuvo sólo dos escaños (menos de lo que se esperaba), la extrema derecha consiguió volver a la Asamblea Nacional, algo que no ocurría desde 1988.

Israel y los inmigrantes africanos, entre el cielo y el infierno

“… Mirad cuán bueno y cuán placentero es para los hermanos vivir juntos y unidos”. (Salmos, 133:1). Así comienza la página web de la Embajada de Israel en España, en la sección del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde se define a su población como “muy variada, con transfondos étnicos, comunitarios, religiosos, culturales y sociales  muy diversos”.

No se sabe si esta diversidad y transfondo étnico incluye a los más de 60.000 inmigrantes africanos (eritreos y sudaneses en su mayoría) que han atravesado las fronteras de Israel en los últimos años y que desde hace algún tiempo viven acosados por una parte de la sociedad y los políticos. El propio parlamentario del Likud Danny Danon –miembro del comité  para Asuntos de Inmigración, Absorción y Diáspora- ha tildado recientemente a este colectivo de “plaga nacional” y ha propugnado su expulsión.

Será el próximo 3 de junio cuando el Gobierno se pronuncie sobre una solución definitiva pero ya el Ministro de Interior, Eli Yishai, del partido ultraortodoxo Shas, ha declarado que Israel está dispuesto a financiar los viajes y las ayudas necesarias si eso consigue que los inmigrantes africanos abandonen Israel.

Es cierto que la llegada de inmigrantes a cualquier país provoca recelos pero las escenas que se están viviendo en los últimos días al sur de Tel Aviv, con manifestaciones violentas, lemas agresivos y consignas extremas, hacen pensar que algo debería cambiar. Empezando por una política de asilo que defina la protección temporal y las condiciones bajo las que tal protección podría revocarse.

Por el momento, la legislación existente  condena a estos inmigrantes a permanecer en un limbo legal que les permite no ser deportados a su país de origen -Israel es firmante de la Convencion sobre el estatuto de los refugiados (1951)-, pero tampoco les reconoce como refugiados ni les concede ningún derecho o visado de trabajo.

 Aliyá, según Wikipedia, es el término utilizado para llamar a la inmigración judía a la Tierra de Israel. Es un concepto central en la cultura y la religion judía y constituye la base fundamental del sionismo.  Curiosamente, este término incluye tanto a la migración voluntaria por razones ideológicas, emocionales o prácticas como la de las poblaciones de judíos perseguidos. Por ello, Israel es reconocido como un pais de inmigrantes y de refugiados.

 Los inmigrantes africanos que allí han llegado desde 2006, cruzando la peninsula del Sinaí, no son judíos pero han salido buscando la paz, el asilo y el trabajo que en su país no tienen. Al igual que tantos millones de judíos lo hicieron a lo largo de su existencia.

Y al igual también que en la diáspora judía, el camino de los emigrantes africanos hasta Israel ha estado lleno de tragedias, sufrimiento y desesperación. Desde casos de graves abusos y torturas por parte de los traficantes beduinos a las cuantiosas deudas contraídas antes de salir para pagar el trayecto.

 Israel se encuentra ante una difícil situación que, como declaró el propio Danon, no se solucionará “con la implementación de agentes de la Guardia de Fronteras”.