Europa federal antes de…¿Cincuenta años?

“Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en contacto, de discutir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de solidaridad, que les permita, en los momentos que estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias graves, si es que estas surgen. (…) Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio económico: esa es la cuestión que más presiona…”

Aristide Briand, primer ministro francés, daba este discurso en septiembre de 1929 ante la Sociedad de Naciones abogando ya por un  movimiento federalista europeo que implicara a los políticos en el proyecto. Hasta ese momento, una iniciativa que sólo era respaldada por el mundo de la cultura, empezaba a tomar forma entre personalidades de los gobiernos alemán y francés, así como entre economistas ingleses como Keynes.

El germen de los Estados Unidos de Europa estaba sembrado y, aunque la llegada de la crisis del 29 y la consiguiente Gran Depresión aparcaron el sueño federalista, el periodo de Entreguerras acerca el debate a las élites y, a lo largo del tiempo, al pueblo.

De hecho, El Tratado de París (1951) y la firma de otros tratados como el de Roma, Acta Única Europea, Maastrich o Lisboa, han contribuido a la creación de lo que en la actualidad es la Unión Europea, con su moneda y mercado único y la libre circulación de personas y mercancías, todos ellos pasos necesarios para la consolidación del proyecto federalista.

La hoja de ruta comenzada en 1929 ha continuado recientemente con la propuesta del presidente de la Comisión Europea, Manuel Durao Barroso, de convertir la UE en una federación de estados nación para competir en un mundo globalizado con potencias como Brasil, China o Estados Unidos. Para ello demanda una mayor cesión de soberanía que permita coordinar mejor las políticas económicas.

Barroso también señaló que la siguiente parada de dicha hoja de ruta, ya presentada, sería la unión bancaria, con el Banco Central Europeo (BCE) como supervisor único. Se continuará con una mayor supervisión de los presupuestos nacionales y un avance en la emisión de eurobonos. Y antes de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2014, se presentarán iniciativas para la futura unión federal de estados nación, que necesitará un cambio de tratados y una cumbre europea para su aprobación.

¿El objetivo? Crear un supergobierno de la UE, con una Europa de corte más federal, con un presupuesto y una política económica común, mecanismos de solidaridad, union bancaria y, sobre todo y más difícil todavía, una política exterior común.

¿Los plazos? Ahí empieza el problema porque una federación necesita tiempo. El ejemplo de Suiza así lo demuestra, habiendo tenido sus cantones que vivir primero un proceso de confederación, antes de dar el paso a la federación de pleno derecho en 1948. Aún así hubo tensiones entre los liberales y conservadores, y los protestantes y católicos. Si a esto le sumamos que el tamaño de suiza no es comparable al de la UE, con cientos de millones de habitantes, se puede intuir que el camino no sera fácil.

Cabe en este momento preguntarse por los plazos que se habrá propuesto Artur Mas, presidente del ejecutivo catalán, en su apuesta independentista para Cataluña. Porque si las reivindicaciones nacionales catalanas, como explica el exconsejero de Economía Antoni Castells (PSC), sólo pueden tener cabida en una Europa Federal, y esta se plantea a medio plazo, ¿qué sentido tiene la convocatoria de un referendum para el próximo mes de noviembre?

La reforma del federalismo español pasa por la reforma del federalismo Europeo, señala Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento alemán quien afirma también que esta Europa “postancional” llegará, y lo hará antes antes de 50 años. Pero, como también señala el expresidente de gobierno español Felipe González, si se alimentan estas situaciones es porque hay líderes políticos que no quieren ser “responsables de la parte que les corresponde de la crisis”.

“Salvar el alma de América”

Así de tajante se muestra Mitt Romney, reciente ganador de las primarias en Michigan como candidato del Partido Republicano. “Estoy listo para liderar a mi partido y al país, y para comenzar el camino hacia la recuperación económica. Son tiempos duros pero esta vez no podemos permitirnos equivocarnos. Lo he dicho antes y me reafirmo en ello: de esta campaña depende salvar el alma de América”. Estas fueron sus palabras en el discurso de Detroit, a pesar de que ganó sólo con un 41% de los votos frente al 38% de Santorum.

Pero no debe extrañar esta carga mesiánica en los discursos de Romney, digno tataranieto de uno de los primeros conversos a la iglesia mormona, así como Obispo de Cambridge y Belmont, lugar en el que además fue líder de su parroquia. Como uno de tantos Elders (hermanos de la iglesia mormona), que encontramos en el metro de cualquier gran ciudad, él mismo viajó a Francia en los años sesenta para predicar su religion y extender el conocimiento del Libro del Mormón.

Mitt Romney se enfrenta, sin embargo, a las reticencias de una parte considerable del electorado republicano. Y no sólo por su devoción a la iglesia mormona, lo cual le haría tener en contra al 22% del electorado según una encuesta de Gallup realizada el pasado mes de junio, sino por su escueto pago de impuestos a las arcas del país, a pesar de ser uno de los candidatos más ricos en la historia de la precandidatos presidenciales republicanos.

La tasa impositiva efectiva de Romney está por debajo del 15% debido a que sus enormes ingresos se derivan casi exclusivamente de ganancias de capital y dividendos de su cartera de inversiones, pero también porque cuenta con deducciones basadas en contribuciones caritativas, como los 4 millones de dólares destinados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, normalmente conocida como Iglesia del mormón.

No sabemos si el exgobernador de Massachusetts conseguirá ser el candidato del Partido Republicano en las próximas elecciones USA, pero si esto fuera así, se repetiría la historia que hace cuatro años se vivió con las primarias democratas, en la que por primera vez se planteó la posibilidad real de que un negro (Barak Obama) o una mujer (Hillary Clinton) aspiraran a la presidencia de los Estados Unidos. Sería también la primera vez que, con el fin de “salvar el alma de América”, el próximo aspirante republicano a la Casa Blanca fuera Mitt Romney, un mormón.

¿Operación de tiroides u “Operación Evita”?

“La cirugía de la señora presidenta de la nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner, se realizó sin ningún inconveniente ni complicaciones”. La lectura del parte medico por parte del Secretario de Comunicación Pública de la Presidencia, Alfredo Scoccimarro, el pasado 4 de enero, fue recibida con una explosion de júbilo por parte de la multitud peronista que esperaba a las puertas del sanatorio Austral, en Buenos Aires.

Militantes, simpatizantes enfervorecidos alrededor de la imagen de una virgen, y curiosos –algunos de los cuales permanecieron incluso en vigilia toda la noche- celebraron el desenlace de la extirpación de la glándula tiroidea de la mandataria argentina, afectada de un carcinoma papilar en su lóbulo derecho. Al más puro estilo Evita, la población se echó a la calle para arropar a su presidenta.

“La Unidad Médica Presidencial tiene la satisfacción de comunicar que el equipo del Hospital universitario Austral informó que el estudio hispatológico descartó la presencia de células cancerígenas en las glándulas tiroides, modificando así el diagnóstico inicial”, anunciaba cinco días después Scoccimaro. Desaparecía así el cancer que los más prestigiosos oncólogos y endocrinos argentinos habían diagnosticado.

Y vuelta a los mensajes de aliento de los seguidores que seguían a las puertas del sanatorio y de nuevo el movimiento de carteles en alto, con mensajes de ánimo para la presidenta. El peronismo en éxtasis recordando los tiempos en que otra mujer se dejaba la piel en el cargo por ellos.

Y es que los estrategas del oficialismo no caben en sí con el regalo que han recibido. Con el cadaver aún insepulto de Néstor Kirchner, los gritos de “¡Ernesto vive! sirvieron para arrancar la campaña para la reelección de Cristina. Era el comienzo de otra operación, la Operación “¡Cristina presidenta 2011!. La señora Fernández, viuda a los 57 años, quedaba como la sucesora natural de lo que los peronistas llaman “modelo de gobierno”, un modelo que no dudó en encargar a una consultoría de opinión un sondeo telefónico, en las casas, en el que una voz grabada formulaba varias preguntas, la última de ellas: “¿Votaría a Crstina Fernández, Sí o No”? Dicha encuesta se realizó durante la retransmisión en directo del funeral de Néstor Kischner.