Aprendiendo de Senegal….

Foto Senegal def.

Tranquilidad social, mejora de la calidad de vida, sobriedad económica en los actuales políticos, investigación judicial de antiguos ministros por enriquecimiento ilícito,…La carta a los Reyes Magos que cualquiera de los ciudadanos del planeta podría haber escrito parece haber sido leída. Y los regalos, increíblemente, han llegado a un lugar de la Tierra donde las plegarias no suelen ser escuchadas. Senegal, en medio del África Occidental, ha sido agraciada con un periodo de sosiego y placidez tras la victoria de Macky Sall, el pasado 25 de marzo.

El nuevo presidente, tras ganar unas elecciones tremendamente crispadas que dejaron seis muertos, empezó por ser el primero en hacer una declaración pública de sus bienes, a pesar de que esta es una obligación legal para todos los presidentes electos, según la constitución senegalesa. Sall, en una ceremonia de investidura sobria, opuesta a las formas del anterior mandatario Abdoulaye Wade, continuó con el anuncio de un plan de ahorro de 100 millones de euros, la eliminación de casi veinte ministerios (de más de 40 ha pasado a tener 25) y una especial vigilancia de los casos de corrupción.

De hecho, algunos ministros de Wade (Oumar Sarr, Abdoulaye Baldé, Madické Niang y Samuel Sarr), altos cargos (Tahibou Ndiaye y Doudou Diagne) y su propio hijo Karim, ex ministro de Cooperación internacional, de Transportes Aéreos, de Infraestructuras y de Energía (y conocido popularmente por el sobrenombre de Superministro del Cielo y de la Tierra), han visto cómo sus pasaportes diplomáticos eran retenidos para evitar que salgan del país hasta que finalice la investigación judicial por enriquecimiento ilícito que se ha iniciado.

Las nuevas medidas han aportado cierta esperanza y un periodo de estabilidad a una sociedad que empieza a disfrutar de una mejora de sus condiciones de vida, como la disminución de los cortes de luz y del desabastecimiento de carburante, que desde hace años impedían el transcurso normal del día a día.

Si bien las mejoras necesarias son muchas para poder hablar de Senegal como un país mínimamente próspero, forman parte de un comienzo que ya quisieran varios países del llamado Primer Mundo, en los que el pesimismo de los ciudadanos, la incapacidad de los políticos y la dictadura de los mercados aniquilan las posibilidades de salir de la crisis. Por una vez, no estaría de más mirar hacia el Sur, con otros ojos, para plantearnos qué nos está pasando.

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Senegal, preludio de otra “primavera árabe”…

Se cumplen 52 años de la independencia de uno de los países del África Occidental más admirados. Léopold Sédar Senghor, el poeta presidente que reivindicó la dignidad y el honor para su pueblo; la sociedad senegalesa, ejemplo de cohesión social y pacifismo, una joven pero entusiasta trayectoria democrática que dio lugar a un pueblo culto y tranquilo durante muchos años,… Todo ello ha estallado en un ambiente de profunda crispación social de cara a las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar el 26 de febrero.

El subdesarrollo económico, la corrupción de los políticos, la falta de futuro de los jóvenes, la dependencia crónica de los países donantes de fondos, la manipulación de la sociedad por parte de los marabouts (líderes sociales y religiosos pagados por los políticos para aleccionar y condicionar a los ciudadanos en sus convicciones),… Son muchas las causas que hacen de Senegal hoy un país cansado y que no se siente representado por la clase política.

Las últimas manifestaciones de los ciudadanos han dejado un balance de seis muertos por enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y una actitud de clara oposición a la candidatura del presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, de 85 años de edad, que opta de nuevo al cargo tras 12 años en el poder. Un presidente que, enfermo (pasa más tiempo en los hospitales parisinos que en Dakar) y consciente de su edad, delega la vicepresidencia de su candidatura en su hijo Karime Wade (más de lo mismo).

Mientras, la comunidad internacional prepara su despliegue de observadores internacionales con el fin de que las próximas elecciones, en función de su desarrollo y resultados, no den lugar a un estallido social de graves consecuencias. La Unión Europea (UE) ha enviado ya un primer grupo de 18 expertos que se han dispersado por diferentes zonas del país. Un segundo grupo de 28 observadores desembarcará la próxima semana en Dakar con el fin de estar en constante comunicación con las autoridades administrativas locales y los representantes de la Comisión Electroal Nacional Autónoma (CENA).

El presidente Wade no se enfrenta sólo a los otros 13 candidatos, sino al despertar de la conciencia política popular y, quién sabe, si al inicio de una primavera árabe, esta vez en el África Occidental.